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CORONA DOLOROSA EN COCENTAINA (ALICANTE)
LOS SIETE DOLORES DE NUESTRA SEÑORA
JAVIER QUIÑONES GARCÍA
 

Enclavados en la calle del mismo nombre desde mediados del siglo XVIII, como reflejos del sentir religioso del lugar, se encuentran en la localidad alicantina de Cocentaina unas de las más antiguas y exquisitas representaciones que en el devenir de casi estos tres años de vida de nuestra página Web, he podido presenciar como colaborador recorriendo ciudades y pueblos en búsqueda del retablo cerámico: Los Siete Dolores de la Virgen.

En cada una de las escenas, en un primer plano, el hondo pero sereno sufrimiento de la Señora impregna de patetismo al resto de la representación. La técnica de ejecución, de líneas suaves y sinuosas junto al colorido carente de estridencias, otorga a quien las contempla la tranquilidad y capacidad de evasión necesarias para percibir el mensaje teológico del autor.

En los azulejos figura una estrofa de Los Dolores a Nuestra Señora, compuesta por cuatro versos octosílabos, que originariamente fueron composiciones populares de tradición oral cantadas. Se enumeran los siete dolores sufridos por la Virgen desde la presentación de Jesús en el Templo hasta su entierro. Ésta y otras composiciones típicas propias de la época litúrgica eran entonadas por las comitivas penitenciales en las procesiones celebradas desde siglos atrás en la jornada luctuosa del Viernes Santo.

La contemplación de aquellos pequeños retablos, el silencio que nos envolvía y la caída de la noche invitaba a revivir escenas del pasado. El desfilar de una Cruz Parroquial abriendo el cortejo de fieles revestidos de negro. Percibía el aroma a incienso mezclado con el espliego de la campiña que nos rodeaba y oía los lamentos desgranados en oraciones que eran dirigidas hacia el cielo:

“Cuando presentáis a Dios,
mucho Madre os mortifica
la espada que al Hijo y Vos
Simeón os profetiza.

Por no ver tan tierno muerto
infante al Dios que nos cría,
huyen iqué pena! al desierto
Jesús, José y María.

Duros hierros mortifican
a mi Jesús sin razón,
mas también hoy crucifican
SUS clavos mi corazón.

En los brazos de la aurora
sin vida el rubio arrebol
triste gime, canta y llora
la muerte del mejor sol.

Yo sin Jesús voy perdido, Si el sepulcro me cerráis,
donde estáis mi dulce cetro, dejad sepultura abierta
tres días vivo sin vida para mí, que si enterráis
pues lo busco y no lo encuentro. a Jesús, María es muerta.

Al ver a mi Hijo, fieles,
en la calle de la amargura,
decidme lleno de hieles
no cantéis vida y dulzura.

Ave de penas María
consuelo de pecadores
por vuestros siete dolores
ampáranos Madre mía...”

 

Los Siete Dolores y su meditación
1. La profecía de Simeón
Por esta profecía se le revela a María que la misión salvadora de Jesús no será bien recibida por muchos y que su vida terminará con una Dolorosa Pasión y Muerte, durante la cual, una espada de dolor le atravesará a Ella el alma.

2. La huida a Egipto
El rey Herodes está furioso por el nacimiento de Jesús y se propone matarlo. El dolor de la Virgen María es el de la Madre que ve amenazada la vida de su recién nacido, que es El Hijo de Dios, El Mesías.

3. El Niño Jesús perdido en el Templo
Fue este su dolor más sensible, porque en todos los otros tuvo consigo a su querido Hijo; más éste lo sufrió apartada de Él.

4. El encuentro de Jesús y María camino al Calvario
Las miradas de Jesús y María se encuentran.... Jesús va cargando la pesada Cruz, su rostro está todo bañado en sangre, sus facciones desfiguradas por la multitud de golpes y por el dolor. María va siguiendo sus pasos para ser crucificada con Él.

5. La Crucifixión
Su Inmaculado Corazón no miraba la pena propia, miraba la Pasión y Muerte del Hijo tan amado. Todas las penas de la crucifixión las sufrieron los dos. Se ofrecían dos holocaustos: El Cuerpo de Jesús y el Corazón de María.

6. El Cuerpo de Jesús es bajado de la Cruz
Al tenerlo entre sus brazos, María ve de cerca la gravedad y profundidad de todas las llagas y heridas de su amadísimo Hijo, y se reaviva el dolor.

7. El entierro de Jesús
A pesar de que sabe que su Hijo resucitará, siente un grandísimo dolor al separarse físicamente de Él. Nuestro Señor Jesucristo le dijo a María Valtorta: "Pensad en mi Madre que, desde el momento en que me concibió, ha sufrido pensando que era el Condenado, esta Madre que, cuando me ha dado el primer beso en mi cuerpo de recién nacido, ha presentido las futuras llagas de su Criatura, esta Madre que habría dado diez, cien, miles de veces su vida, con tal de impedir que, en mi vida adulta, llegara el momento de la Inmolación, esta Madre que sabía y que debía desear que se cumpliera ese tremendo acontecimiento, para aceptar la voluntad del Señor, para la gloria del Señor, por bondad, hacia la humanidad.
No, no ha habido agonía más prolongada, terminada con un dolor aún más grande, que la de mi Madre". Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Verónica de Binasco: "Hija Mía, las lágrimas que tu derramaste en compasión por mis sufrimientos me satisfacen, pero ten en cuenta que debido al infinito amor que le tengo a Mi Madre, las lágrimas que derramaste por sus sufrimientos son aún más preciosas."

Javier Quiñones García. Marzo 2009
 
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