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LA ESCALERA PRINCIPAL DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO DE LIMA
ALFREDO GARCÍA PORTILLO
 

De 1619, data la primera mención documental que se conserva de un maestro azulejero en la ciudad de Lima, tal honor corresponde a Juan Martín Garrido, un probable sevillano enviado por Hernando de Valladares posiblemente al objeto de colocar los azulejos que iban a revestir el claustro del convento de Santo Domingo.

Como tuvimos ocasión de tratar en uno de nuestros artículos precedentes, Alonso Godines, incrementaría la nómina de artistas españoles, claro está en caso de creer la leyenda peruana de Ricardo Palma, pero solo en ese caso, pues la realidad viene a indicar que este presunto alcarreño no fue el alarife pretendido.

Natural de Villafranca, Diego Básquez de Lugo, fundó un taller en 1620, pero aprendió el oficio lejos de la península, en México. Otros españoles fueron Diego de la Cerda, nacido en Ayamonte, Domingo Díaz Herrera y Juan Sánchez Espinoza. De todos los ceramistas precedentes casi no se conservan obras. Pero si hay un español que puede considerarse el auténtico artífice del siglo XVII en la azulejería limeña es Juan del Corral, nacido en Puente del Arzobispo  en una fecha no precisa de los años 1603-1604, siendo hijo del licenciado Diego del Corral y de Catalina Rodríguez, habiendo llegado a la ciudad limeña hacia 1617. Se tienen noticias documentadas de sus obras desde el año 1638 hasta el 1665.

Panel de San Juan Bautista, incrustado en la pared sur del claustro del convento de Santo Domingo. Obra de Juan del Corral. Fotografía del autor.

Vinculado por estilo en una primera etapa a los modelos españoles de Valladares, en una segunda pasa a tener un estilo más personal y barroco, contratando a pintores para las escenas que elaboró.

La última de sus obras de la que se tiene constancia es la de los zócalos de la escalera principal del Convento de Santo Domingo de la ciudad de Lima. Se conoce documento fechado el 13 de mayo de 1665, en el que el citado ceramista acuerda con el Prior de dicho convento, Juan de Barbarán Lascano la fabricación de dicha obra.

Este trabajo no es grande en tamaño, pues solo llega hasta el primer rellano de la escalera y consta de los siguientes paneles que a modo de historias se encuentran dispuestos de la siguiente forma:

Panel a la izquierda de la escalera:

Es el único situado en la zona izquierda y trata sobre un episodio de la Vida de Santo Domingo, la escena muestra cierto anacronismo, pues puede verse al santo fundador de la Orden dominica cuya vida transcurrió entre los años 1170 y 1221 acompañado por varios seguidores y a un personaje no identificado vestido a la usanza del siglo XVI. El episodio es anterior a la fundación de la Orden y data de la época en la que Santo Domingo predica y logra la conversión de numerosas personas, por lo que debe tener lugar en Francia. El fondo más típico de un paisaje de la región de la selva en Perú con aves de plumajes diversos contrastaría también con la supuesta zona en la que se desarrolla la acción.

El friso en el que se enmarca, así como la zona superior del zócalo aun muestra reminiscencias de la época anterior.

 Primer panel y único ubicado en la izquierda de la escalera de acceso a las distintas plantas (primera y segunda) y al coro. Fotografía del autor.

Paneles a la derecha de la escalera:

El resto de los paneles cerámicos se ubican todos en la zona derecha del zócalo de la escalera, el primero situado justamente enfrente del descrito anteriormente muestra una escena continuación de la ya descrita, en ella se observa como el noble que antes cerraba el paso al grupo, se arrodilla y se descubre ante santo Domingo, tocándole este la cabeza. En el mismo cuadro, podemos observar otra escena: el encuentro de Santo Domingo y San Francisco, que dispuesto a otro nivel da sensación de profundidad, haciéndola parecer posterior en el tiempo, como así fue en efecto, el encuentro aquí mostrado tuvo lugar en Roma, cuando ambos se encontraban allí con el fin de obtener la autorización para la aprobación de sus respectivas órdenes religiosas.

Primer panel de la derecha. Al fondo del mismo puede verse el abrazo de Santo Domingo y San Francisco. Fotografía del autor.

A la derecha del retablo cerámico anterior podemos encontrar el de San Antonio Abad, identificado como "SAN ANTON" en una inscripción situada en la zona baja del mismo. San Antonio abad, se muestra como un anciano de poblada barba, viste el sayal y la capucha como corresponde a los monjes de su orden, se encuentra leyendo el libro presumiblemente de reglas de la citada congregación y porta un báculo abacial. Pero el atributo que más llama la atención es el del cerdo. Para Luis Ramírez León, simboliza al demonio, sin embargo pensamos lo contrario, primero porque el cerdo es desconocido en el arte bizantino, perteneciendo en exclusiva al arte occidental, eliminando ya en parte lo que se pudiera pensar que tiene de simbólico, segundo porque en Italia se llamaba a San Antonio, Antonio del porco siendo por lo tanto difícil que lo llamasen por el apelativo que significase demonio y tercero porque alude a su patronazgo sobre los puercos, además no conviene olvidar  que la orden al objeto de mantener las encomiendas y hospitales recurría a la cría de cerdos.

Segundo panel de la derecha. San Antón. Fotografía del autor.

Inmediatamente a continuación y separado por una pilastra y unas filas de azulejos encontramos un tercer panel que representa a San Lucas pintando a la Virgen. Durante mucho tiempo se buscaron imágenes, en principio se intentaron localizar aquellas que no hubiesen sido realizadas por mano humana alguna (representaciones aquerópitas), de entre estas comentaremos la leyenda que cita como en una ciudad Palestina llamada Lida, la Virgen se habría apoyado en una columna dejando en ella una imagen impresa de carácter indeleble. Más tarde se atribuyeron a San Lucas unos pretendidos retratos de los que se habla en el siglo VI. En la actualidad el más antiguo de los que se conserva y que en su momento fue atribuido a la mano del santo es un icono que se encuentra en Roma, en Santa María in Aracoeli, pero este es del siglo XI.

Este tema, usado en la antigüedad tomó fuerza a partir del siglo VIII con motivo de la crisis iconoclasta, llegando a ser habitual en el los Países Bajos desde el siglo XV. Existe una obra tomada por muchos artistas como fuente, se trata de una pintura de Rogier Van der Weyden conservada hoy día en el Museum of Fine Arts en Boston. Recientemente en la exposicón sobre "El retrato del Renacimiento" que se celebró en el Museo del Prado de Madrid, tuvimos oportunidad de ver una aguada a pluma y tinta parda sobre papel de Giorgio Vasari sobre el mismo tema.

Tercer panel de la derecha. San Lucas pintando a la Virgen. Fotografía del autor.

El siguiente de los retablos cerámicos en el zócalo se encuentra al final del tramo y llegando al final , de ahí su forma aún más irregular. En este caso el asunto tratado es el de San Isidro labrador. Refleja un episodio conocido de la vida del santo. Isidro solía parar en su trabajo para refugiarse en la oración y en cierta ocasión fue sorprendido por su patrón. Desde entonces cuando dejaba el trabajo para concentrarse en el rezo un ángel tomaba la yunta de bueyes y le reemplazaba en el arado. También el carro que se ve al fondo  junto a los animales hace mención a otro episodio en el que conducía al molino un carro de grano que fue vaciando poco a poco para alimentar palomas hambrientas. A pesar de ello el carro llegaría con su carga completa. Este panel coincide con el momento en que se inicia el culto al santo, durante el siglo XVIII.

Cuarto panel de la derecha. San Isidro Labrador. Fotografía del autor.

Como puede observarse las piezas de la izquierda y sobre todo en la zona superior están mal colocadas, esto sucede también en los otros paneles pero con menor ostensibilidad, los dos últimos retablos situados ya en el rellano de la escalera, presentan aun mayor desorden de piezas, siendo prácticamente irreconocibles los asuntos a tratar, si bien se deja ver en el último de los mismos la figura de Santo Tomás y unos ángeles que aunque en azulejos separados al ser estos unidos muestran el escudo de las llagas de Cristo, una devoción también en auge durante la época.

Panel deteriorado número uno. Un asunto difícilmente identificable. Fotografía del autor.
 

Panel deteriorado número dos. Se deja ver la figura de Santo Tomás. Fotografía del autor.

El estado de conservación pues en general evidencia serios daños y deficiencias, debidos a veces a la mala recolocación de los azulejos o a la pérdida de los mismos, entre otras causas estarían los frecuentes terremotos. Los asuntos tratados reflejan en sus fondos paisajes, animales y pájaros como los que suelen ser habituales en la pintura cuzqueña de la época, lo que no es de extrañar dado que Juan del Corral contrató a pintores para llevar a cabo los dibujos que sirvieron para la elaboración de los zócalos. Entre todos los colores utilizados destaca el empleo de los colores blanco, sienas, azules y verdes.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Ramírez León, Luis. La azulejería limeña en el siglo XVII. Museo Nacional de Arqueología Antropología e Historia del Perú. 2004.

Harth-Terré, Las Bellas Artes en el Virreinato del Perú: Azulejos limeños. Revista del Archivo Nacional.

El retrato en el renacimiento. Museo del Prado. 2008

Ramírez León, Luis. Azulejos y evangelización en Lima colonial. historia y cultura nº 23, Lima. Museo Nacional de Arqueología Antropología e Historia del Perú. 1999.

Textos propios en www.retabloceramico.net

Texto: Alfredo García Portillo. Mayo 2009.
Fotografías:  Alfredo García Portillo (Agosto de 2008).