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LA CERÁMICA DE PISANO EN LA CAPILLA MAYOR DE TENTUDÍA
MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ- Universidad Nacional de Educación a Distancia.
 

El santuario de Santa María de Tudía, más conocido hoy como Tentudía, hunde sus raíces historiadas en la Edad Media. Situado en la cima de la montaña más alta que Sierra Morena tiene en su sector occidental, se dominan desde aquí tierras extremeñas, andaluzas y portuguesas, por lo que subir a Tentudía –a pie o en coche- constituirá un deleite para aquellos que gusten de las amplias y profundas panorámicas.

En este hito geográfico, apoyándose en razones de carácter espiritual relacionadas directamente con la conquista de Sevilla, levantó la Orden de Santiago una ermita a mediados del siglo XIII, la cual no tardó mucho en transformarse en iglesia –así se recoge en las Cantigas de Santa María del rey Alfonso “el Sabio”-, llegando a ser este templo la cabecera de la vicaría de Tudía y, andando el tiempo, lugar de reposo eterno para los restos de tres maestres santiaguistas.
 



La figura ortogonal del santuario se recorta en lo alto de la sierra de Tentudía,
entre el claroscuro de una nubosa tarde de primavera.
 

En 1514 el papa León X autorizó que se hiciera un convento junto a la iglesia y el conjunto quedó transformado así en monasterio para religiosos santiaguistas, pero hasta finales del año siguiente no se colocó al vicario Juan Riero al frente del mismo. El nuevo vicario parecía dispuesto a incrementar la fama del santuario y para atraer más devotos al mismo afrontó a sus expensas, y no con las rentas de la Vicaría, los gastos que pudiera suponer el embellecimiento de la capilla mayor de la iglesia, bastante oscura a consecuencia de la poca luz natural que entraba por su única y reducida ventana. Bajo estas condiciones, la mejor manera de aumentar la escasa luminosidad que proporcionaban lámparas y velas era recubriendo con cerámica la mayor parte de dicha capilla y, para este fin, el vicario recurrió al maestro ceramista de mayor renombre en la Sevilla de aquellos tiempos.




Esta imagen del vicario Juan Riero tiene muchas posibilidades de responder a un auténtico

retrato del personaje, pues conoció personalmente a Niculoso Pisano.


Por este motivo entró en contacto directo con Francisco Niculoso Pisano, artista afamado y que con antelación había trabajado para la Corona y para la Iglesia; su prestigio era tanto que no mucho tiempo atrás Niculoso Pisano había atendido un encargo encaminado a adornar una de las estancias que el papa León X tenía en el castillo de Santángelo, en Roma. Para esta obra Pisano elaboró un amplio repertorio de azulejos de “arista” entre los que vamos a destacar unos con el escudo papal y otros que representaban leones y yugos –símbolos alusivos a este papa-, además de otras piezas de olambrilla con motivos más exóticos.
 

Dibujos de los azulejos que aparecieron en el castillo de Santangelo, en Roma.
Respectivamente, escudo de armas del papa León X (fotografía superior), león rampante y yugo.


Pero Juan Riero buscaba algo más selecto para la obra artística fundamental de la capilla, un retablo cerámico que rodeara la hornacina donde se veneraba la imagen de Santa María de Tudía; por tal razón eligió para la ocasión azulejos polícromos planos –lo más novedoso del momento-, y dio directrices al maestro ceramista para que en el retablo figuraran motivos relacionados con la vida de la Virgen, así como otros vinculados directamente con la leyenda de la fundación del templo, con la Orden de Santiago y con la persona del mismo vicario, quien debía aparecer en dicho retablo al mismo nivel que el maestre fundador de la iglesia de Tudía, circunstancia que no le hubieran permitido en la Orden de no haber costeado dicho retablo el propio Juan Riero.


Esta es la pieza artística más relevante de la iglesia de Tentudía. El retablo cubre una superficie
de 3’40 por 2’62 mts. y la firma del maestro ceramista aparece en una cartela situada
 en la bancada del mismo con esta leyenda: NICVLOSVS PISANVS-ME FECIT-A-D-1518.


Niculoso Pisano se comprometió en marzo de 1518 a trabajar a lo largo de tres meses seguidos, según consta en el correspondiente contrato, para elaborar un retablo de azulejos de superficie plana compuesto de 639 piezas y percibiendo 10 maravedíes por cada una de ellas. En estas condiciones es muy probable que el retablo fuese colocado en el verano de 1518 –hace casi quinientos años-, pero no conforme Juan Riero con lo hecho, decidió también embellecer el altar mayor, las escaleras por las que se accede al mismo y los pretiles que flanquean dicha escalera. Sin embargo, para tal función no encargó esta vez azulejos planos, sino otros más económicos realizados mediante la técnica de “arista” o de “cuenca”; piezas cerámicas éstas que, como ha demostrado la arqueología, salieron de los hornos de Pisano.


Pretil del lado del Evangelio. Cerámica similar a ésta apareció en la excavación arqueológica
del horno de Pisano llevada a cabo en el sevillano barrio de Triana, en el año 1987.

Último peldaño de la escalera en su unión con el pretil del lado de la Epístola. En los azulejos del último
peldaño, sobre fondo blanco y enmarcados en azul, podemos observar el escudo de armas del papa León X.
 

Pero estando Juan Riero profundamente involucrado en la dinámica de embellecer la capilla mayor de la iglesia de Tudía, no podía olvidarse del sepulcro del maestre Pelay Pérez Correa, fundador del templo, cuyos restos había mandado trasladar allí en 1510 el rey Fernando el Católico, el mismo monarca que lo había designado a él como vicario de Tudía. Para recubrir la caja tumbal del maestre, situada en el lado del Evangelio de la capilla mayor, el vicario eligió los mismos azulejos con fondo blanco que se habían puesto en la mesa del altar, junto a otros parecidos a los que Pisano había elaborado para el papa León X, unos años atrás. El simbolismo de las piezas que mostraban el escudo del papa no necesita más explicación, pero los otros que contenían yugos y leones creemos que respondían a una lectura ambivalente ya que no sólo representaban al papa que ocupaba entonces la silla de San Pedro, sino al propio Fernando el Católico y al reino de León, territorio donde se ubicaba el santuario.


 Los motivos de estos azulejos de Tentudía son idénticos a los de Santángelo,
pero no hay dudas de que la cabeza del león rampante está mejor conseguida.


 

En el suelo de la capilla mayor, así como en el del coro de la iglesia, se colocó ladrillo rojo alternando con olambrilla de variados motivos exóticos. La huella de la obra de Pisano se extendió también por el Humilladero y por la nueva nave de la iglesia, construida ésta en 1559. A consecuencia de tales obras, los azulejos del enterramiento del maestre Pelay Pérez Correa sufrieron algunos desperfectos. Por tal motivo, parece que los azulejos originales fueron trasladados a la llamada capilla de los maestres, o de San Agustín, y el sepulcro maestral fue revestido esta vez con azulejos planos, pero no elaborados ya por Niculoso Pisano.

Como la ampliación de los detalles anteriores desbordaría el espacio asignado a este trabajo, esperamos hacerlo en otros posteriores. De momento señalaremos aquí que el siglo XVI fue una etapa de esplendor para las instalaciones del monasterio de Tudía, al igual que los acontecimientos históricos vividos en el siglo XIX fueron los que más daño causaron a las mismas. Sin embargo, a principios de la década de los años ochenta de esta última centuria, la devoción mariana que impulsaba a José Alonso Morgado, así como el atractivo que sobre él ejercía la piadosa leyenda de Ten-tu-día, llevaron al ilustre sevillano hasta el arruinado monasterio serrano, descubriendo en el mismo la obra de Niculoso Pisano. Tales circunstancias quedaron reflejadas en las páginas de la revista Sevilla Mariana y, a partir de aquí, la élite cultural y artística de la ciudad del Guadalquivir se interesó vivamente por la conservación el centro religioso santiaguista, a pesar de encontrase ubicado en tierras extremeñas. Muestra de lo anterior es que José Gestoso Pérez también lo visitaría más tarde e insistentemente intercederá después por la salvación de la cerámica de Niculoso Pisano en Tentudía, llegando a proponer en 1908 que la misma se trasladara a la iglesia de Calera de León; propuesta que afortunadamente no prosperó al no ser apoyada por la Comisión Provincial de Monumentos de Badajoz, ni por el obispo de la diócesis.

Ya en la segunda mitad del siglo XX se atendió finalmente a la restauración de la cerámica de Tentudía y es así como, desde entonces, se puede disfrutar de la contemplación de la mejor cerámica sevillana del siglo XVI en su emplazamiento original.

 
Texto y fotografías: Manuel López Fernández.  mayo 2014

   

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