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LA CERÁMICA DE PISANO EN LA CAPILLA MAYOR DE TENTUDÍA (II)
MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ- Universidad Nacional de Educación a Distancia.
 

En nuestra colaboración anterior hablamos de la impronta que el famoso ceramista Niculoso Pisano dejó en la capilla mayor de la iglesia de Tudía, hoy Tentudía; pero como anticipábamos, la obra de este artista –especialmente la realizada sobre azulejos de “arista”- no se limita en dicho santuario mariano a la que allí tratamos, sino que además se extiende visiblemente en nuestros días por el suelo de la misma capilla, así como por el coro y el cuerpo de la iglesia. Por añadidura, su huella se extendía también a una pequeña ermita, próxima al santuario que ahora nos incumbe, conocida localmente como El Humilladero, lugar donde la leyenda de Tentudía sitúa la aparición de la Virgen al maestre Pelay Pérez Correa. Hoy no quedan más que unos paredones de dicha ermita, pero afortunadamente en el Museo Arqueológico de Badajoz se guardan restos cerámicos correspondientes al altar que allí existía en el siglo XVI.


A unos trescientos metros de la cumbre -junto a la margen izquierda del camino que asciende por la falda occidental
de la sierra de Tentudía, y rodeado parcialmente por tres pinos- se encuentran unos viejos paredones que en su día formaron parte del llamado Humilladero de Tudía.



Para explicar la proliferación en Tentudía de este tipo de cerámica de Pisano, y antes de continuar con la obra del ceramista afincado en Sevilla, debemos hacer referencia a la figura del religioso santiaguista Juan Riero, aquel que como donante se hizo “retratar” por Pisano en actitud orante para quedar inmortalizado en el retablo mayor, a la misma altura que el maestre de la Orden de Santiago y fundador de la iglesia que tratamos. Puede que la admiración del vicario Juan Riero por la obra de Niculoso Pisano sea mayor de lo que hasta ahora se ha tratado, y puede también que Riero colaborara con Pisano en el diseño del retablo para la capilla mayor de Tudía, sobre todo a la hora de distribuir el programa iconográfico mariano y el de los motivos santiaguistas, tanto en sentido general como en lo que se refiere a los alusivos al reino de León. Qué podemos decir en otro sentido cuando sabemos que Riero fundó en su pueblo natal -Bienvenida (Badajoz)-, una capilla para su enterramiento y dispuso que en la misma se hiciera un retablo “de la misma traza que el que yo contraté con el Pisano para Santa María de Tudía”.

Dada las connotaciones de esta decisión postrera, no dudamos en considerar que los vínculos de Riero con el santuario mariano y con el maestro ceramista eran más intensos de lo que se pudiera pensar a primera vista. Cómo explicar sino, que Riero fuese el patrocinador del citado Humilladero de Tudía y que dispusiera, también en su testamento, que el mismo se levantara a sus expensas y el altar que se hiciera en su interior se forrara de azulejos. ¿De qué tipo de qué azulejos quería Riero que se adornara este altar? La respuesta no parece tan difícil sin tenemos en cuenta varias circunstancias documentadas: la primera es que El Humilladero se construyó a partir de 1551; la segunda, que los visitadores de 1574 ya encontraron el altar en las condiciones dispuestas por Riero; la tercera y última es que antes de 1884 un vecino de Badajoz, llamado José Caballero Vizuete, se acercó al citado Humilladero al cursar una visita por Tudía y encontró en la pequeña ermita, ya arruinada por entonces, dos trozos de azulejos que depositó más tarde en el Museo Arqueológico de la capital pacense, organismo que ha tenido la gentileza de enviarnos las dos fotografías siguientes. Gracias a ellas podemos comprobar que dichos azulejos correspondían al horno atribuido a Niculoso Pisano, por ser iguales a otros existentes hoy en Tentudía, e idénticos a ciertas muestras de los restos cerámicos extraídos en la excavación del horno hallado en la calle Pureza, del sevillano barrio de Triana.


Este resto de azulejo depositado en el Museo Arqueológico de Badajoz pertenecía al altar existente
 en el Humilladero de Tudía. En los pretiles del altar mayor del Monasterio de Tentudía existen más
 azulejos como éste, según mostramos en la colaboración anterior.


Pero al Museo Arqueológico de la capital pacense no sólo han llegado restos de los correspondientes al Humilladero que nos incumbe, puesto que también se guardan allí otras piezas arrancados del suelo de la iglesia de Tudía antes de 1884 por el mismo vecino de Badajoz citado más arriba, según podemos leer en el catálogo editado por el citado museo. En la fotografía que sigue podemos ver una de ellas, no muestra esta pieza la cabeza de un hombre de raza negra, con vestiduras ocres y verdosas, con una cinta anudada a la nuca –“tortil”- , y que corresponde a una olambrilla como otras muchas de las que todavía podemos contemplar en el piso de la capilla mayor, en el suelo de la escalera que sube al altar de dicha capilla, y también en el suelo del coro situado a los pies de la iglesia de Tentudía.

Después de casi cinco siglos de existencia, sorprende el colorido de esta azulejo encontrado en el Humilladero
  de Tudía y depositado en el Museo Arqueológico de Badajoz. La muestra nos puede dar una idea de la belleza
    del conjunto cerámico del que formaba parte, más precisa todavía si consideramos el azulejo de la foto anterior.


Como hemos dicho, esta olambrilla con tan llamativa figura se repite en los antiguos suelos de la capilla mayor y del coro de la iglesia, aunque están muy deterioradas; en dichos lugares se pueden contemplar otras muchas piezas con motivos antropomórficos, animalísticos y geométricos, entre los que queremos mostrar aquí algunos de los que más nos han llamado la atención por su exotismo, como son las que siguen.

En esta olambrilla que se conserva en el Museo Arqueológico de Badajoz, podemos contemplar
una de las artísticamente llamadas “cabeza de negro atortillada”. Una similar a ésta se colocó
   en el fondo de la hornacina de la Virgen de Tudía.

Esta olambrilla, con tan exótico personaje, es similar a otra encontrada entre
los restos del horno de Pisano, excavado en la actual calle Pureza, en Triana, (Sevilla).


Y puede que se sienta sorprendido el lector al saber que algunas de estas exóticas olambrillas fueron colocadas al fondo de la hornacina que albergaba la antigua imagen de la Virgen de Tudía, espacio en torno a la cual se dispuso el retablo elaborado por Pisano en 1518 y que hoy resulta la pieza artística más destacada del Monasterio.

El motivo de esta olambrilla, que podemos encontrar hoy en los suelos de la iglesia de Tentudía,
es similar a otra que se colocó en el fondo de la hornacina de la Virgen de Tudía.


Aunque debemos señalar que tales olambrillas, así como otros azulejos semejantes a los que hoy recubren uno de los peldaños de la escalinata que sube al altar mayor, lamentablemente no son visibles en nuestros días. No lo son porque desaparecieron como consecuencia de la restauración que se hizo al magistral retablo entre los años 1974 y 1977. No obstante, sabemos de su existencia y disposición gracias a una fotografía que Alice Frothingam publicó en uno de sus trabajos a principio de los años sesenta del pasado siglo.

Esta fotografía, publicada por Alice Frothingan, nos muestra el fondo de la hornacina de la Virgen de Tudía, en el que podemos ver una hilera de olambrillas con motivos exóticos. Las dos inferiores – ave y cabeza de negro- son las que mostramos en este trabajo.


A la luz de lo que aquí mostramos, y sabiendo que mucha de esta cerámica de Tentudía coinciden con los restos hallados en el horno excavado en la calle Pureza de Triana, en el año 1987, cabe preguntarse también si los mismos fueron elaborados por el propio Pisano, o por los hijos éste. Ambas circunstancias son posibles en este caso. Pero para que se diera la primera, hacia la que abiertamente nos inclinamos por lo arriba señalado, fue necesario que el vicario Juan Riero dispusiera el almacenamiento de la cerámica del Pisano en las dependencias del santuario mariano antes de 1533, porque esta es la fecha en la que fue cesado como vicario de Tudía por razones largas de explicar.

Así las cosas, es posible que una vez fallecidos los dos -Niculoso Pisano en 1529 y Juan Riero en 1545-, algunas de las piezas guardadas en Tudía pudieran ser colocadas en el altar del Humilladero y en las cajas de la línea de impostas de los arcos que sustentan la bóveda de la iglesia de Tudía. Porque también aparece cerámica de Pisano en las cajas situadas en la línea de impostas de los arcos fajones de la iglesia que tratamos. Consta documentalmente que la bóveda de la iglesia -y por supuesto los arcos que la sustentan- se hicieron en 1559, cuando hacía unos treinta años que había fallecido Niculoso Pisano; a pesar de ello, la cerámica que actualmente adorna dichas cajas se responde fielmente con la encontrada en el Humilladero y con algunos de los restos encontrado en el horno excavado en la calle Pureza, como puede verse en las fotografías que siguen, tomadas recientemente y sin los medios adecuados por quien esto escribe.

Las salpicaduras de cal no ocultan el preciosismo del azulejo de arista, similar por otro lado al encontrado en El Humilladero, según podemos ver más arriba.



Muestra de la poca atención prestada a la cerámica de las impostas, la pátina de cal se intensifica especialmente en los bordes de los azulejos. Al parecer, nadie ha reparado en los detalles de la cerámica de la caja de impostas, pero creemos que su importancia gana con el tiempo y con las circunstancias que se dan en torno a ella.

 
Texto y fotografías: Manuel López Fernández.  septiembre 2014

   

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