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LOS RETABLOS CERÁMICOS DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN. (154)
SAN VICENTE FERRER. COLECCIÓN VICENTE LLORENS
PASCUAL LUIS SEGURA MORENO
 
 

Imagen: San Vicente Ferrer.
Autor: Desconocido.
Fabrica: Desconocida, procedencia Manises.
Técnica: azulejo plano esmaltado, dibujo estarcido, pintado a mano.
Fecha: 1820.
Medidas: placa 33x26 cm.

Iconografía: San Vicente Ferrer fue un excelso predicador capaz de conmover las masas de buena parte de Europa. Asimismo, su titánica figura tuvo un papel activo en diversos conflictos locales, nacionales e internacionales. En todos ellos intervino desde una posición extraordinaria gracias a un episodio místico de su vida que él mismo se encargó de difundir, y mediante el cual se convirtió en una readaptación bajomedieval del profeta veterotestamentario.

Con esta carta de presentación puede imaginarse el ingente volumen bibliográfico que el dominico ha generado. Teólogos, filólogos e historiadores principalmente han dado su particular visión de este personaje llamado a sacudir la espiritualidad de principios del siglo XV.

En la placa que estudiamos se nos presenta con Ángel del Apocalipsis. Se ha dicho que fue el "Ángel del Apocalipsis", pues su predicación fue una permanente mención del Juicio Final. Ello en las tierras hispanas es la base y alimento de su representación iconográfica más usual: hombre ya de cierta edad, vestido con el hábito y capa blanquinegros dominicanos, con el cerquillo de religioso observante, levantando el brazo derecho y con un dedo extendido señalando la inminente llegada del Juicio Final -cuando es más bien la actitud de dominicana predicación y bendición- y con una filacteria que pone Timete Deum et date illi honorem... (o sea, Temed a Dios y dadle gloria...), frase de uno de los ángeles del libro del Apocalipsis (14,7); en su mano izquierda a veces sostiene un libro que sería la Biblia.

Otros atributos que en ocasiones también aparecen son: unas mitras y capelo en el suelo, símbolos de los obispados y de los cardenalatos rechazados, y otros vinculados con su predicación (la llama sobre la frente, la trompeta del Juicio, unas alas como Ángel del Apocalipsis, etc.).

En la placa, se nos presenta como hombre adulto en posición estante sobre un suelo muy somero de vegetación herbácea.

Vestido con el hábito de la Orden de Predicadores. Es decir túnica o hábito blanco, con escapulario del mismo color y capa negra que deja asomar la capucha blanca a la espalda.

Tiene la cabeza inclinada hacia abajo, mirando hacia tierra o dirigiendo su mirada a quienes le escuchan desde lo alto de la tribuna, La cabeza se aprecia tonsurada. Sobre la misma la llama del Espíritu Santo que le ilumina y le guía en su predicación.

En la espalda le sobre salen dos alas de ángel, el del apocalipsis, que tanto resaltaba en sus sermones sobre el Juicio Final.

Efectivamente predicó de dicho Juicio, aunque es pequeño el porcentaje de sus sermones -los conocidos hoy son algo más de novecientos- que hablan de este Juicio sin más. Sin olvidar que lo hizo en muchas ocasiones, como él mismo lo manifiesta, a petición del auditorio. Hemos aludido a sus sermones. Dichas piezas -que nos han llegado en su lengua vernácula o en latín- nos muestran otro aspecto de su magisterio. Fue un predicador fundamentado en las Sagradas Escrituras y la Tradición; predicación abundante y rica sobre todo en contenidos dogmáticos fundamentales (sobre Jesucristo, la Virgen María, la unidad de la Iglesia, etc.) y morales (reforma de costumbres y otros aspectos sociales). Pero también un hombre de Iglesia abierto al mundo intelectual. Su mente imaginativa y viva, amó la lógica y buscó siempre el razonamiento y la síntesis. Su espíritu fue libre, con la libertad de aquellos que a ningún poderoso de la tierra se esclavizan y hablan como hijos de Dios. Buscó e invitó a buscar la santidad por los caminos del equilibrio humano y cristiano, huyendo de estridencias que sólo llevan al cansancio y al desaliento.

Sostiene con su brazo izquierdo un libro cerrado (simbolizando la Biblia, que tanto conocía). Con su mano izquierda, hace ademán de señalar con su dedo índice aun crucifijo que porta con su mano derecha y que muestra orgulloso.

Estado de Conservación y restauración: Bueno, no presentas grietas, ni lascas.

Ubicación: Colección particular de Don Vicente Llorens. Villarreal. Castellón.

Texto y fotografías: Pascual Luis Segura Moreno.  Abril 2016.

 
 
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