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COCENTAINA O EL “HORROR VACUI CERÁMICO”

Javier Quiñones García

Durante nuestra estancia vacacional en el pueblo alicantino de Castalla con motivo de la celebración de las fiestas de Moros y Cristianos en esta localidad, nos dispusimos a hacer un paréntesis en medio de los estruendos de las armas colmadas de pólvora que se batían en contiendas del pasado y de las melodías de las bandas de música que amenizaban el disfrute de oriundos y visitantes.

Aún con los ecos de la fiesta de la noche nos dirigimos hacia otro lugar referencial de la geografía y fiesta tradicional alicantina, Alcoy, concretamente al Museo Arqueológico “Camilo Visedo Moltó” cuyo director D. José Mª. Segura Martí nos había remitido días antes una amable invitación para presenciar en sus dependencias los trabajos de restauración de una amplia colección de paneles cerámicos devocionales recuperados recientemente.

Admirados por las numerosas piezas, testimonios del fervor popular del pasado y el presente del lugar, decidimos planear inmediatamente ante aquellas revividas muestras de arte, nuestro regreso con motivo de su exposición pública una vez finalizadas las labores de restauración para hacerla extensiva en el conocimiento de nuestros amigos y compañeros ceramófilos en www.retablocerámico.net.

Mientras tanto y a la espera del acontecimiento a celebrar durante el próximo año, el Museo nos dispensó con una recopilación de imágenes de paneles cerámicos devocionales de la comarca de L’alcuia y el Comtat alicantinos así como un ejemplar de la revista “Recerques del Museu” en la que se recogía amplia información relativa a la actividad ejercida por la Institución en la recuperación de estos bellos paneles cerámicos.

Finalizando nuestra visita por las salas donde perviven muestras del crisol de civilizaciones que enraizaron en la vida y la cultura levantina hasta nuestros días, nos indicaron la posibilidad de presenciar un elevado número de paneles no lejos de Alcoy, concretamente en la antigua localidad de Cocentaina, que al igual del resto de la comarca, refleja en su tradición e historia las luchas en el pasado entre árabes y cristianos en pos de la ocupación del territorio.

Un simple vistazo a una fotocopia de un plano localizador de la ubicación de las piezas cerámicas fue suficiente para expresarle al funcionario del museo nuestra grata sorpresa al ver la concentración de paneles devocionales en una extensión municipal que no alcanza los 52 km2 y que cuenta con un número aproximado de diez mil habitantes.

Ya caminando por sus calles, caracterizadas por la estrechez y lo empinado en ocasiones de sus trazados, emanaba en la retrospectiva de nuestras mentes la necesidad defensiva de sus habitantes durante la década que emplearon las huestes de Jaime I el Conquistador para ocupar la zona, como de la misma necesidad de albergar el mayor número de enseres y propiedades en el menor espacio posible.

Y en sus muros, como testigos impertérritos de la evolución del lugar y haciendo suyo ese criterio aglutinador, los paneles cerámicos, nuestros retablos, que en esa reducida extensión urbana y desgranados por fachadas, masías o interiores llegan a superar las cien ubicaciones referenciales para adentrarse en la artística actividad local fiel reflejo del sentimiento religioso profesado desde el siglo XVII hasta nuestros días.

En las representaciones predominaban sobremanera las imágenes del santoral, teniendo menor presencia las de la Santísima Virgen y aún en menor cuantía las de Jesucristo, entre las que destaca la del Vía-Crucis de cruces de reflejo metálico y relativos a la Señora la representación de los Siete Dolores, piezas que acabaron de cautivarnos por su fineza de ejecución y su antigüedad.

Las horas pasaban con cámara y trípode en ristre cuando ya por cansancio físico decidimos retornar al estruendo y el olor a pólvora que envolvía desde la lejanía a la señorial Castalla, donde se seguían reproduciendo episodios simulados entre moros y cristianos, pero en nuestra mente y en nuestro corazón ya habíamos creado un pequeño espacio de silencio que rememoraba el discurrir por aquellas empinadas y estrechas calles de la historia, lugares que fueron y son, como en otras muchas de nuestra geografía, Sancta-Sanctorum a la luz del día por la presencia de nuestros queridos Retablos Cerámicos.

Texto y fotografías de Javier Quiñones García. Octubre 2008.
Dedicado a mi compañero ceramófilo Alfredo García Portillo con el deseo de que le sirva de desagravio por aquella jornada fotográfica vivida recientemente en la calle Portuense del “Horror cerámico”.