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La historia de los dos Tobías tiene lugar en
Mesopotamia y en el siglo VIII a. C., está llena de ricos matices y
escenas que recuerdan a Persia: exorcismo, magia, el demonio Asmodeo,
cuyo nombre original remite a dicho país (Ashama Daiva) e incluso el
sorprendente papel que juega el perro, un animal que los hebreos
consideran impuro, pero con un significado sagrado para los persas.
Hasta 15 episodios distintos se encuentran relacionados en la
historia de Tobías. El que nos ocupa refleja el momento en que
Tobías (Tobit), se lava los pies en el Tigris y aparece un lucio
gigantesco que pretende morderle. Protegido y ayudado por el ángel
Rafael, que luego toma como uno de sus atributos en la iconografía
el pez, lo pesca, lo sala, lo asa y les sirve de alimento, pero
conservará la hiel del pescado, que luego le servirá para devolver
la vista a su padre.
El culto al ángel de la guarda ha sido favorecido por esta escena.
Los comerciantes del Renacimiento italiano ofrecían un exvoto
consistente en la imagen de su hijo al que asimilaban a Tobías, que
parte de la casa paterna en compañía del arcángel Rafael.
En el siglo XIII y en una arquivolta de la catedral de Chartres
encontramos una primera representación de este asunto.
Fuente: Libro de Tobías Capítulo 6
"1 El joven partió con el ángel, y el perro los seguía. Caminaron
los dos y, al llegar la primera noche, acamparon a orillas del río
Tigris. 2 El joven bajó a lavarse los pies en el río, y de pronto
saltó del agua un gran pez que intentó devorarle el pie. El joven
gritó, 3 pero el ángel le dijo: «¡Agárralo y no lo dejes escapar!».
Entonces él se apoderó del pez y lo sacó a tierra 4 El ángel le
dijo: «Ábrelo, sácale la hiel, el corazón y el hígado, y colócalos
aparte; luego tira las entrañas. Porque la hiel, el corazón y el
hígado son útiles como remedios». 5 El joven abrió el pez, y le sacó
la hiel, el corazón y el hígado. Asó una parte del pez y la comió, y
guardó la otra parte después de haberla salado. 6 Luego los dos
juntos continuaron su camino hasta llegar cerca de Media. 7 Entre
tanto, el joven preguntó al ángel: «Hermano Azarías, ¿qué clase de
remedio hay en el corazón, en el hígado y en le hiel del pez?». 8 El
ángel le respondió: «Si se quema el corazón o el hígado del pez
delante de un hombre o de una mujer atacados por un demonio o
espíritu maligno, cesan los ataques y desaparecen para siempre. 9 En
cuanto a la hiel, sirve para ungir los ojos afectados de manchas
blancas: basta con soplar sobre esas manchas para que se curen»."
Alfredo García Portillo.
Octubre
2010. |