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GUSTAVO BACARISAS Y PODESTÁ

Nos encontramos ante un artista en el más amplio sentido de la palabra, que aunque se consagró como pintor en la ciudad de Sevilla, tuvo una importante dedicación al mundo de la cerámica, de la que fue un innovador del estilo.
 


 

Gustavo Bacarisas y Podestá nació en Gibraltar el 23 de septiembre de 1873, aunque la mayor parte de su vida transcurriría en Sevilla. Cultivó la pintura preferentemente, pero también la escultura, la azulejería, la ornamentación cerámica y la escenografía, inyectando savia nueva al mundo artístico local. Tras sus estudios primarios en su ciudad natal fue becado en Roma a la edad de veinte años, donde entra en contacto con todo el impresionante capital artístico de la ciudad eterna. En 1906 fija su residencia en París, con frecuentes viajes a Londres. Todo ello le proporcionó una amplia visión, las tendencias vanguardistas, el impresionismo en toda su evolución. Tras un periplo itinerante por tierras americanas (Buenos Aires, 1910), Filadelfia, Nueva York y Pittsburg, llega a Sevilla en 1913, ciudad a la que quedará ligado, aún sin perder su espíritu errante, hasta el día de su muerte, casi centenario, en el año 1971. También sería gran conocedor de las más importantes localidades andaluzas.

Su personal manera de entender el arte enriquece la pintura sevillana, capitaneada en ese momento por García Ramos y Gonzalo Bilbao, junto con otras figuras, adaptándolo a todo aquello que la ciudad andaluza le ofrecía: la luz, el color y sus gentes.

En estos años se va integrando paulatinamente en la vida artística y cultural sevillana, ingresa en su Ateneo, donde presidiría la sección de Bellas Artes desde 1916, trabajó como diseñador artístico de la primera Cabalgata de Reyes Magos organizada por José María Izquierdo en 1918 diseñó las pañoletas de las Casetas de la Feria de Abril desde 1919, cuyo formato permanece. En este último año ya es nombrado Hijo Adoptivo de Sevilla.

A poco de residir en Sevilla, contacta con la familia Laffite, propietaria de la Fábrica de productos cerámicos “Los Remedios”, que apreciando sus cualidades como pintor no dudaron en proporcionarle los medios para que instalase un taller; acondicionándole un bello salón muy bien decorado con exquisitas vidrieras en la parte superior de las instalaciones. Ya en 1917 encontramos obras firmadas en dicha fábrica.

Pronto la figura de D. Gustavo Bacarisas, su refinamiento artístico y humano van a causar sensación entre los que compartieron con él aquellos años de trabajo. Alcanzó su consagración definitiva en la exposición que celebrara en 1921 en el palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid, donde presentó una extensa obra, que recogió su producción fruto de su estancia en Granada en 1918 y su obra Sevilla en Fiestas, hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Fue muy amigo del arquitecto Juan Talavera Heredia, con el que colaboró artísticamente en algunos de sus proyectos, como fue la decoración de la fachada de la casa y tienda de ultramarinos conocida como “Villa de Reinosa”, en la calle Pagés del Corro esquina a Antillano Campos, en Triana.


Panel de azulejos firmado por Gustavo Bacarisas en 1917,
 en la Fca. de Los Remedios,  propiedad de Julio Laffitte Castro.
 

En los años veinte y treinta de la pasada centuria colaboró en el diseño de vestuarios y escenografía de representaciones musicales y de teatro. En la ópera Carmen representada en Suecia, para la que diseñaría vestuario y escenografía, conocería a Elsa Jernas, con la que contraería matrimonio años más tarde y estaría unido hasta el final de su vida. Igualmente haría una incursión de la pintura de carteles y decoraciones murales al temple, como la del Pabellón de Argentina y la decoración del Pabellón Real de la Plaza de América, para la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929.

En 1936, al estallar la Guerra Civil, el matrimonio se encuentra en Madrid, evacuado a Gibraltar, abandona la Roca en 1940 y se instala en Madeira durante cinco años, alejado de las guerras del viejo continente. Regresa con su esposa a Sevilla en 1945, que le vuelve a acoger como hiciera años antes, y bajo el mecenazgo de Joaquín Romero Murube, que le ofrece un humilde alojamiento en los Alcázares sevillanos, del que era su director, y más tarde le consiguió un piso de propiedad municipal en la calle Pastor y Landero, edificio del Mercado de Entradores.
 


 

En 1947 el Ayuntamiento de Sevilla le tributó un homenaje organizando una exposición de sus obras en las galerías Hernal y Velázquez, en 1950 es nombrado académico correspondiente de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, en 1961 catedrático honorario de la Academia superior de Bellas Artes de Sevilla, también la de Madrid, Hijo Predilecto de Gibraltar (1962) y un sin fin de reconocimientos que sería prolijo enumerar. En definitiva, fue persona y artista muy vinculada a la ciudad hispalense, cuya fisonomía y espíritu conoció e interpretó en sus obras, de las cuales destaca su cromatismo.

Sus cerámicas nacieron alentadas por un impulso renovador, muy significativo en ésta modalidad artística, que tiene una tradición específicamente sevillana. Combinó el impresionismo con el cuidado preciso de las formas, con rigor en el dibujo, el amor a la construcción de las cosas, el deseo de que éstas, iluminadas, acariciadas por el aire, no pierdan su estructura propia. Armonizó en su obra la luz y el color. Tras la desaparición de la firma Laffitte, sus obras y diseños ejecutados en cerámica a mediados del siglo XX fueron cocidas en los hornos de la Fábrica de Manuel García Montalván. Destaquemos por ejemplo el magnífico zócalo de la Capilla de los Luises, en la calle Trajano, de Sevilla

Mantuvo estrecha relación con otro pintor de su época, Alfonso Grosso. Murió el 7 de Enero de 1971 a los noventa y ocho años de edad, en su piso del barrio del Arenal. La ciudad de Sevilla perpetuó su memoria dedicándole a su fallecimiento una calle de nueva formación entre las calles Génova y Pagés del Corro, en el barrio de Triana. En definitiva, un artista en el amplio sentido de la palabra, un hombre bondadoso y humilde que acogía con tímida reserva los honores que le tributaban. Cuantos le conocían sucumbieron al hechizo de su personalidad carismática. Para conocer con profundidad su vida y su obra remitimos al lector a las publicaciones de su biógrafa, María Lobato Franzón.
 

Fuente:   Datos recopilados por Martín Carlos Palomo García, de su reseñas biográficas publicadas en
(1) Diccionario Andaluz. Biblioteca de Ediciones Andaluzas. Sevilla, 1981, pp.189-193. Fotografía en blanco y negro incluida en dicho texto.
(2) Diccionario de Ateneístas, vol. I. Ateneo de Sevilla, 2006. Reseña biográfica publicada por Manuel Castro Luna, pp. 49-51.

 
 
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