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Ceramista nacido en
Sevilla, el 25 de enero de 1875, hijo de Antonio García Domínguez y de Eduarda
Bermúdez Fernández. Empezó el aprendizaje de la técnica y la pintura de los
barros vidriados a los trece años, en el alfar de los hermanos José y Miguel
Jiménez Izquierdo, en cuya empresa se llevaron a cabo los primeros ensayos de
azulejos de reflejos metálicos. A partir de los dieciséis años empezó a hacer ensayos de esmaltes, en busca
de nuevos tonos de los de reflejo metálico, hasta que consiguió dar con uno
distinto al de sus maestros. El industrial ceramista D. Manuel Ramos Rejano lo
conoció cuando proyectaba la fundación de su gran fábrica, y para que García
Bermúdez siguiera con sus experimentos, le instaló un horno en el tejar de un
tal Ramírez, llevándoselo después a los talleres provisionales que estableció en
un corral y unos almacenes que tomó en arriendo del ex Convento de Los Remedios,
y desde éstos a los extensos y definitivos de la calle San Jacinto, donde
trabajó a gran escala como encargado técnico a sueldo.
Fotografía de una página
del Catálogo de producción en reflejo metálico de Ramos Rejano, en cuyo éxito
tuvo destacada participación el ceramista Manuel García Bermúdez y sus ensayos
con los esmaltes. Con el porvenir asegurado, García Bermúdez contrajo matrimonio el 7 de diciembre de 1898, con una joven trianera llamada Manuela Vaquero Caro, con la que tuvo seis hijos: Antonio (fallecido con veinticuatro años el 2 de septiembre de 1923), Diego, Manuel, Eduarda, Baldomero y Eduardo, los que cuando él falleció contaban veintitrés, veintiuno, diecinueve, dieciséis y trece, respectivamente.
Antonio y Diego entraron a trabajar, bajo su dirección, en casa de Manuel Ramos
Rejano, tan pronto como tuvieron la edad y preparación suficiente, y todo
marchaba bien entre patrono y encargado, cuando en 1916 fue solicitado Antonio
García Vaquero para dirigir la alfarería del Sr. Laffite (Fábrica Los Remedios),
con el apoyo de su padre. Esto molestó al Sr. Ramos Rejano, que despidió a
García Bermúdez, conservando sin embargo a su hijo Diego.
En esta fotografía
podemos diferenciar un azulejo de reflejo oro (arriba) de uno de reflejo cobre
(abajo), Manuel García Bermúdez pudo colocarse de inmediato en otra industria cerámica, pero siempre los propietarios le ponían como condición que dejase ver cómo hacía los colores, aspecto que él no estaba dispuesto a desvelar, tardando dos años en colocarse, haciéndolo con Laffite, donde estaba su hijo Antonio. Allí permanecieron hasta que Laffite vendió su fábrica a mediados de la segunda década del siglo XX, tuvieron horno propio durante un pequeño periodo de tiempo, pues en seguida recibieron el ofrecimiento del aristócrata ceramista D. Manuel de la Lastra y Liendo, Marqués de Benamejí, que aportó capital y entre ellos fundaron el taller “La Bética”, industria reconocida especialmente por la calidad de su producción en reflejo metálico pero que tuvo una corta vida. Allí trabajaron el padre y sus dos hijos, pues Diego se despidió de Ramos Rejano, pero por poco tiempo, pues el Marqués de Benamejí se retiró del negocio, su hijo Antonio falleció prematuramente el 2 de septiembre de 1923 y el mismo un año más tarde, el 13 de octubre de 1924, quedando Diego solo al frente del taller con escasa solvencia económica. Contó Manuel García Bermúdez con varios premios en exposiciones de cerámica, con excelentes trabajos en colaboración con sus hijos para los duques de Alba y Tarifa, para los marqueses de Benalúa, del Mérito, de Villamarta y de Villafranca, para el Sr. Gómez de Barreda y para otros muchos aristócratas, siendo de sus manos casi toda la azulejería de oro y cobre del teatro Cervantes, de Buenos Aires, y gran parte de la del Hotel Alfonso XIII de Sevilla. Sobre su firma, en algunas obras en las que encontremos las iniciales “M.G.” podrían ser suyas, pero también habría que tener en cuenta que pudiera corresponder a otro ceramista contemporáneo suyo que fue Manuel García Cabrera y otro posterior, Manuel García Rodríguez. |
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Fuente: Fuente: Recopilado por Martín Carlos Palomo García a partir de los datos aportados por 1) José Cascales Muñoz en su obra “Las Bellas Artes Plásticas en Sevilla”. Toledo, 1929, pp.159-160. 2) Orce Villar, Alfonso Carlos. Tesis Doctoral sobre su abuelo, Enrique Orce Mármol. Sevilla, 1994, pp. 89-91. |
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