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ENRIQUE GUIJO NAVARRO

Enrique Guijo Navarro nació en Córdoba el 1 de abril de 1871, hijo de Mariano Guijo y Pérez, carpintero, y de Antonia Navarro y Sigüenza. Quedó huérfano a temprana edad, trasladándose con su madre a Sevilla en 1885, acogiéndose al amparo del conocido político D. Luis Palomo, que lo colocó de aprendiz en los talleres del pintor escenógrafo Antonio Matarredonda, más como Enrique no sintiese este arte y sí el de la cerámica, su protector lo sacó de allí, y por mediación de D. José Gestoso le proporcionó el ingreso en la fábrica de los Sres. Mensaque, donde sufrió una gran decepción al percatarse de que le ocultaban los procedimientos técnicos que era lo que él realmente quería aprender, abandonando al poco la firma. Pasó a trabajar con un modesto alfarero, Manuel Rodríguez, que no tuvo inconveniente en enseñarle cuanto él sabía y poner a sus disposición tanto los hornos como sus utensilios, con los que Guijo hizo sus primeras obras consistentes en trincheros, platos decorativos y otros cacharros de estilo renacimiento y barroco que dedicó a su bienhechor el Sr. Palomo. Después fabricó los azulejos de los zócalos del patio y escalera de la casa de D. Emilio Marcot, una jardinera para D. Rafael Ibsen y un escudo de ocho metros de altura para la fachada del Ayuntamiento de Nerva (Huelva), consiguiendo hacerse un consumado ceramista en el barrio de Triana.
 


 

En 1898, con veintisiete años, decide seguir a D. Luis Palomo, que se había trasladado a Madrid, pero no encuentra talleres de cerámica donde ejercer su vocación y se dedica a restauraciones artísticas y pintura mural decorativa. Quejándose de ello un día al crítico de arte D. Francisco Alcántara, éste le recomienda que vaya a Talavera de la Reina, donde quizás encontrase el ambiente cerámico que tanto ansiaba, y así lo hizo en 1907.

Recorriendo las calles de la ciudad admirando su cerámica tropieza con un alfar en liquidación, el del glorioso Mancilla, cuyo local estaba ya convertido en un cebadero de cerdos, y entra en contacto con otro ceramista, Emilio Niveiro, que fabricaba loza ordinaria de influencia valenciana. Convenció a éste último de que había que hacer renacer la clásica loza talaverana, fabrica en su taller un cacharro, que es expuesto en el escaparate del pintor decorador Juan Ruiz de Luna Rojas, donde lo vio el inteligente ceramófilo y farmacéutico D. Platón Páramo, que lo celebró en extremo, surgiendo con sus consejos, en 1908, la primera fábrica de cerámica artística que ha tenido Talavera en los tiempos modernos. (“La Cerámica de Talavera, Enrique Guijo y sus colaboradores”, artículo publicado por D. Francisco Alcántara en “El Imparcial”).

Enrique Guijo se vió separado de la fábrica que él montara en cuanto terminó el contrato que había firmado con Ruiz de Luna, y siguió viviendo tan pobre como antes, a pesar de haber sido su fundador y también el padre de la Escuela Oficial de Cerámica de Madrid, primera que hubo en España, en la que desempeñaba una cátedra cuando al empezar el gobierno del Directorio Militar lo dejó cesante por haber faltado algunos días a clase, en unos tiempos en que otros faltaban meses y años al cumplimiento de sus obligaciones.
Montó un modesto alfar en Carabanchel de Abajo y una acreditada tienda de cerámica en la calle Mayor, 80 de Madrid. Por su trabajo y su esfuerzo hubiera tenido gran capital, pero era tan generoso, desprendido y desinteresado que siempre vivió de forma modesta, rayando la necesidad.

A principios de 1925 ganó por concurso la plaza de restaurador del municipio madrileño, dejando muestra de su pericia en las restauraciones que hizo bajo la dirección del ilustre arquitecto D. Luis Bellido en la segunda Casa Consistorial, en el salón de subastas de la Casa de Cisneros y en la escalera y salones de la Hemeroteca Nacional.

Hija de este maestro fue Enriqueta Guijo Ternero, nacida en Sevilla en 1899. Hizo sus primeros oficios con su padre, completándolos posteriormente en la Escuela Oficial de Cerámica de Madrid. Despertada en ella desde muy joven la afición por las artes, estudiaría la teoría y práctica de las artes industriales españolas para lo que demostró estar excelentemente dotada. Realizó numerosos trabajos en esmaltes y orfebrería, destacando principalmente en la cerámica. Hermosos ejemplares salieron de sus manos, concurriendo a exposiciones y concursos que le valieron diversos galardones. Fue profesora de la Escuela Oficial de cerámica de Madrid.

Fuente: Cascales Muñoz, José. “Las Bellas Artes Plásticas en Sevilla”. Toledo, 1929, pp.152-157. Enciclopedia de Andalucía. Edit. Anel Tomo IV , 1979

 
 
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