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PEDRO LUENGO FLORES

Pintor y ceramista. Nace en Llerena (Badajoz) el 18 de Agosto de 1953, donde permanece hasta la adolescencia. Tras el fallecimiento de su padre en 1964 se ve obligado a abandonar los estudios, trasladándose a Sevilla en 1968 para trabajar. Vive en casa de su tío Vicente Flores Navarro, hermano de su madre, en la calle Castilla número 32, junto a la Parroquia de la O, y la de su otro tío, Manuel, en Alfareria 50. Esta familia materna, residente en Triana, estaba vinculada desde antiguo con el mundo del barro, a través de los negocios de tejares y cerámica.
 

Pedro en la actualidad, llenando su tiempo libre con la afición por la pintura y la cerámica
 

Su abuelo, Manuel Flores García-Montalván, primo de Manuel García-Montalván (prestigioso ceramista trianero) trabajó de contable con los hermanos Rodríguez Díaz (Cerámica Santa Ana) en su depósito almacén de la Avenida de Coria. Sus hijos Manuel, Vicente y Fernando Flores Navarro montaron en la década de 1940 un taller de cerámica en el domicilio donde vivían, calle Alfarería número 50, llamado “Cerámica Hermanos Flores”, que tuvo vida efímera debido a los difíciles años de postguerra. Manuel, aunque aprendió la cerámica en Montalván, prefirió dedicarse al campo. Vicente se convertiría en pintor, cartelista y magnífico dibujante que en el diario ABC ilustró con su fina pluma caricaturesca de poquísimos trazos los acontecimientos artísticos, sociales o deportivos durante medio siglo. También cultivó la cerámica esporádicamente aunque con brillantez. Fernando fue un buen pintor que alternó el óleo con su trabajo en la firma Crisarte, donde pintó magníficas vidrieras hasta su fallecimiento, así como algo también la cerámica, siendo más tarde el introductor de nuestro protagonista en la cerámica.
 

Nuestro Padre Jesús de las Penas (Sevilla), una de las obras de las que siente más satisfecho


Pedro Luengo empezó a trabajar como contable en los desaparecidos Almacenes Contreras, luego en la Jefatura Provincial de Tráfico y desde 1976 en Cecofar, almacén de distribución farmacéutica, aunque siempre tuvo el gusanillo de la pintura.
 

 Santísimo Cristo de la Expiración (El Cachorro). 14 x 28 cm.
 

La influencia de estos hermanos de su madre antes citados, a los que veía pintar o dibujar en su casa como actividad vocacional al margen de su trabajo cotidiano con el que mantenían a sus familias, hizo que se planteara imitarlos y comenzó a pintar al óleo. Posteriormente, en el año 1980, pidió a su tío Fernando que le enseñara lo más esencial sobre la técnica al aguarrás y con su asesoramiento se construyó una pequeña mufla para ir probando colores y soportes. Tras muchas pruebas y ensayos, consiguió sus primeras obras de calidad y estrenar una nueva mufla. Las primeras obras fueron pequeñas, muchas enfocadas a su mundo laboral, la Farmacia, decorando en porcelana blanca albarelos de farmacia, platos, jarrones, vajillas y juegos de café. También pintó grandes murales con motivos religiosos y farmacéuticos, así como retablos cerámicos por encargo de particulares.
 

 La Virgen de la Amargura (Sevilla), fue uno de sus primeros encargos de particulares
 

Retirado del mundo laboral desde 2011, sigue matando el gusanillo de la cerámica en su domicilio, además del taller particular que posee desde hace años en su casa de Osuna, localidad natal de su esposa. Dedica su tiempo libre a ejecutar cerámica (especialmente con el barro tipo faenza, modelando platos y fuentes decorados a la grasa), compaginándola con la pintura al óleo de paisajes y bodegones.
 


 


 

 

Fuente: Entrevista personal con el ceramista en 1992 y 2012, a cargo de Martín Carlos Palomo García, ceramófilo sevillano.

 
 
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