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MANUEL ROMERO NAVARRO

Nació en Sevilla el 5 de Enero de 1913, en la casa número 12 de la calle Rodrigo de Triana, siendo el quinto de siete hermanos. Su padre trabajaba como encargado de la Fábrica Mensaque Rodríguez y Cía en la sección de ladrillería. Estudió en el Colegio Reina Victoria de calle Pagés del Corro.
 


 

Con 12 años, en 1925, un empleado de oficinas de la Fábrica le propone ingresar como aprendiz de ceramista, lo cual aceptó encantado. Precisamente ocupó el puesto que dejó Antonio Morilla, con cierta experiencia al ser tres años mayor que él. Manuel Romero tuvo que aprender casi solo, pues además no poseía unas especiales dotes para el dibujo, pero la febril actividad en los años previos a la Exposición le dotaron de gran destreza en el oficio.

En 1933 marcha al Servicio Militar, el cual no acabaría hasta 1939 debido a la contienda nacional. Después, regresa a la Fábrica pero la actividad no es la misma. La difícil situación de postguerra hace escasear los encargos. No obstante, solicita a uno de los socios de Mensaque, D. Manuel Rodríguez Alonso, una prueba para trabajar como oficial pintor, ejecutando una imagen de San Isidro Labrador que le supuso quedar fijo en la fábrica y dedicado a pintar retablos religiosos, únicos encargos en tan difíciles años. El trabajo era duro, había que pintar dos o tres retablos diarios para sacar el jornal. En estos años acudía por las tardes a pintar en la fábrica de Pedro Navia, donde conoció a Alfonso Córdoba Romero.

Hay una anécdota que refleja muy bien el ritmo de trabajo que llevaba. En una imagen del Gran Poder, aplicó el estarcido de la orla para la Virgen del Carmen, de tal modo que el retablo quedó con la imagen del Nazareno pero al pie ponía Nuestra Señora del Carmen. Pieza rara de museo.
 


 

Manolo vivía para la cerámica, es más, habitaba en la misma fábrica, en calle Evangelista, por el cargo que ostentaba su padre. La vivienda era el número 8 de la calle Trabajo. En 1956 contrae matrimonio con María Dolores Gallego Díaz, vecina de calle Constancia, pero natural de Sanlúcar de Barrameda. La ceremonia tuvo lugar en la Iglesia de Santo Domingo de aquella localidad gaditana. No tuvieron hijos.

Era criterio de la fábrica el que los trabajos no fueran firmados por los ceramistas, tan solo el nombre de la empresa. Manuel ideó una forma de reconocer sus retablos, añadiendo tres puntitos al nombre Mensaque Rodríguez y Cía, lo cual permite su identificación. En 1959 presentó obras en Limoges (Francia) en una Exposición de Cerámica, donde fue elogiado su trabajo. En 1972 traslada sus pinceles a Santiponce con motivo del traslado de la fábrica a aquella localidad, y en 1978 se jubila, aunque no deja totalmente de pintar, por ser una necesidad vital para él. Alterna estancias entre su domicilio de Juan Díaz de Solís en Sevilla y  Sanlúcar de Barrameda, donde posee numerosas obras.
 

Fotografía del ceramista tomada en el año 1959 durante la exposición celebrada en Limoges, Francia
 

La gran cantidad de tiempo libre le permite enseñar a pintar cerámica a su mujer, con buenas dotes para el dibujo, y a un sobrino de ésta natural de Sanlúcar, Manuel Gallego Lobato, que en los años 80 se convierte en afamado ceramista local. También enseñó a otro sobrino, Manuel Bernal Gallego. Varias son la exposiciones a las que el matrimonio ha concurrido en Sanlúcar: en la Casa de la Cultura, Expocerámica 1987 y 1989, y en el Palacio de los Infantes de Orleans y Borbón en 1984 a 1986 y 1989. También en la casa de Hermandad del Rocío. En Sevilla, participaron en una exposición de Artesanía de la Tercera Edad en el Colegio Salesiano de Triana, en Mayo de 1986, obteniendo premio ambos.
 


 

Además de la cerámica, Manuel Romero ha cultivado algo el dibujo, la pintura al óleo y la acuarela, pero menos prolíficamente, disponiendo de buenas obras en su casa. Ya después de jubilado, ha colaborado pintando cerámica esporádicamente para Cerámica Santa Cruz y ejecutado muchos encargos para Sanlúcar.

Su técnica preferida fue al aguarrás, por la perfección y calidad que presenta frente a la pintura sobre vidrio. No le gustaba la cuerda seca. Lamentaba no haber destacado más por sus obras debido a su trabajo para la fábrica, así como no haberse independizado. En cualquier caso, sus obras están muy repartidas por la geografía española, Europa e Hispanoamérica.

Falleció en Sevilla, el 20 de abril de 1995, a consecuencia de un cáncer de pulmón.

Fuente: Entrevista personal con el ceramista realizada por Martín Carlos Palomo García, ceramófilo sevillano, en el mes de julio de 1989, y posteriores contactos con su viuda. Reportaje realizado al ceramista por Antonio Carrasco Bernal en la Revista Triana núm. 23, diciembre 1987, pp.6 y 7.

 
 
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