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EL RETABLO CERÁMICO DEVOCIONAL EN MÁLAGA. PASADO Y PRESENTE

José Manuel Leiva Pérez

En la Capital de la Costa del Sol, está extendido el uso del término “mosaico” frente a la palabra “azulejo” más común en otras localidades andaluzas. Tanto se denomina mosaico al lienzo formado de pequeñas teselas cada una de un color, como al retablo cerámico formado por azulejos de mayor tamaño, normalmente de 15x15 cm. Así en el habla común, la idea de azulejo hace referencia a las piezas que enlosan las viviendas, siendo utilizado más como sinónimo en textos escritos frente al más extendido mosaico. Tal vez la situación geográfica de la ciudad, a orillas del Mediterráneo y rodeada de montes tenga algo que ver con este localismo, al igual que otros muchos relativos al mundo cofrade. En este aspecto Málaga se da la mano con Roma, donde todos los mosaicos (sean de la forma que sean) se denominan como tales.

Nuestro colaborador José Manuel Leiva en un momento de su intervención.

La preponderancia de altares y hornacinas callejeras, muchas de ellas desgraciadamente desaparecidas, puede ser uno de los motivos de la escasez de retablos cerámicos en el primer cuarto del siglo XX, ya que el mosaico suele reproducir una imagen que se encuentra al culto interno, buscando una mayor proyección hacia las personas no asiduas de los templos. Además, no consta la existencia de talleres especializados en esta faceta artística, necesaria de una cierta infraestructura industrial y de una demanda concreta, que pueda hacerlos rentables.
Contamos con una escasísima bibliografía sobre la cerámica devocional malacitana, a lo sumo, pequeñas referencias en volúmenes genéricos, o alusiones en la revista la Saeta, editada por la Agrupación de Cofradías, sobre los estrenos anuales. Así, el artículo más prolijo sobre esta materia fue publicado por el historiador y restaurador D. Enrique Salvo en la revista Estandarte 2002, editada por la cofradía del Cautivo, bajo el título de “los retablos cerámicos en Málaga”.

Típico mosaico malagueño con el nombre de una calle.

Veremos más tarde, como el desarrollo cerámico malacitano tiene muchos elementos comunes con otras localidades, frente al predominio industrial sevillano, pero hay puntos que nos hacen distintos y originales, como las letras blancas sobre fondo verde que rotulan cientos de calles, frente al común modelo de negro sobre blanco. (FOTO 1)
Quizá en ellos tuviese influencia dos hechos importantes, como son la aportación de D. Alfonso Moreno Morillo y el apogeo de la industria cerámica de la Colonia de Santa Inés, unido al intento de buscar una personalidad propia que siempre ha distinguido al consistorio local.
D. Alfonso Moreno es, quizás, el ceramista más destacado de la primera mitad del siglo pasado. Este vecino de la capuchinera calle Alta, cambió el horno de pan por el de ceramista, siendo autodidacta y profeta en su tierra, aprendiendo a dibujar de la mano del afamado pintor Álvarez Dumont. Con el tiempo, Moreno llegó a ser maestro de taller en la Escuela de Artes y Oficios, trabajando para el pabellón malacitano en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, viendo truncado un gran encargo para las escalinatas del Palacio Obispal de Málaga por los tristes sucesos de 1931. (FOTO 2).

D. Alfonso Moreno Morillo, máximo exponente de la cerámica malagueña de la primera mitad del s. XX.

Por otro lado, hay que destacar los talleres alfareros de un barrio periférico de Málaga: la Colonia de Santa Inés, zona con buenas materias primas en barros y abundancia de agua, especializados en piezas seriadas para edificaciones nobles, que logró un alto nivel de calidad, surtiendo a otras localidades cercanas e incluso a Melilla. Así, nos atrevemos a catalogar como el mosaico callejero religioso más antiguo de un obrador malagueño, el de la imagen de Santa Inés, que preside el artístico arco de la antaño distante barriada. (FOTO 3-4), quizá de la década de los veinte.
De esa misma etapa son las dos magníficas piezas del antiguo Nazareno del Paso y la Virgen de la Esperanza, obra del taller sevillano de Hijo de José Mensaque y Vera, con una ubicación estratégica frente al Puente de los Alemanes, y con una gran carga emotiva, ya que aparece la imagen que fue vilmente destruida en 1931, siendo un símbolo de la pervivencia cofrade ante unos sucesos tan lamentables. Estos son, sin duda, los dos mosaicos más antiguos encargados por una hermandad, lo que demuestra la gran preponderancia y mayor pujanza de la archicofradía perchelera en aquel periodo. (mosaicos 486 y 487 de la página). En la ruta cerámica del pasado Encuentro de Ceramistas, algún profesional comprobó las marcas de picotazos del mosaico del “Cristo Moreno”, avalando la tradición que habla de que tal vez fueron marcas producidas por ráfagas de disparos durante la revuelta.

Arco decorativo en la barriada de la Colonia de Santa Inés, en Málaga.

Al otro lado del Perchel, la poderosa corporación de la Expiración no pudo ser menos y encargó para la reconstrucción de los años 40 del templo de San Pedro, una vez superada la contienda civil, un retablo cerámico que incluye a los dos titulares, obra del hispalense José Recio de Rivero, inspirado en el estilo de Pérez de Tudela del retablo del Gran Poder de la Plaza de San Lorenzo de Sevilla. (FOTO 5)
Las devociones familiares fueron fundamentales en los encargos de mediados del siglo pasado, y curiosamente algunas piezas han sido posteriormente donadas a las hermandades a que aluden los mosaicos, aunque en algún caso la ubicación final no es muy acertada, ya que se prefiere la casa hermandad, un lugar menos asiduo, frente a la gran repercusión de la vía pública, aunque de esta manera se continua con el sentido original de intimidad del retablo.

Detalle de Santa Inés, la imagen religiosa en cerámica realiza en Málaga de más antigua datación.

Así, hubo un magnífico mosaico de la Soledad de San Pablo, colocado en 1958 en la fábrica Metalsa, que ha pasado en este siglo XXI al salón de tronos de la corporación de calle Trinidad, atreviéndonos a afirmar que es la mejor pieza de las existentes en Málaga. ( mosaico nº 1.010) Caso similar es el de sendas piezas del Nazareno del Paso y la Esperanza de 1947, obra del sevillano Kiernan, que han acabado en la terraza de la casa hermandad, u otros azulejos del Gran Poder y la Misericordia, sitos en su salón de tronos y pendientes de catalogar. (FOTO 6).
El caso de Metalsa es sintomático de cómo el Ayuntamiento colaboró en su retirada, restauración y posterior reubicación, demostrando la Concejalía de Cultura una gran sensibilidad por un patrimonio histórico más bien escaso en este campo.
Otras devociones han quedado en domicilios particulares, siendo habitualmente piezas de pequeño tamaño y de factoría sevillana, como Cautivo, Expiración, o Vírgenes de la Victoria, Dolores o Zamarrilla (FOTO 7)

Detalle del mosaico de la fachada de la Parroquia de San Pedro,
que recoge al Cristo de la Expiración y la Virgen de los Dolores.

El simbólico relevo de Alfonso Moreno lo toma la saga malacitana de la familia de ceramistas Ruiz de Luna, en un principio con el recordado Juan, y en la actualidad con su hija Amparo y su sobrino Carlos, en su taller de la calle Bodegueros, muy cerca de una calle que homenajea al primero de ellos. La obra de estos artistas merecería un estudio aparte y sobre todo un reconocimiento por su amplia y rica trayectoria, que supera el ámbito religioso, aportando una gran modernidad en las técnicas, hecho que tal vez no haya sido a veces comprendido por el encorsetado gusto cofrade. Por desgracia algunas piezas de Amparo Ruiz de Luna han desaparecido por obras de reforma en fachadas de templos, como el mosaico de los Patronos en los Mártires, o el de la Pollinica en San Agustín, lo que abre un debate sobre los derechos de los artistas sobre su trabajo o la obligación moral de informarles sobre la conservación de los mismos. (FOTO 8)
El gran misterio sobre la composición de mosaicos devocionales es la escasísima aportación del diseñador Juan Casielles el Nido, auténtico innovador e importador de la estética sevillana en las cofradías malacitanas durante los años sesenta del siglo pasado, siendo asimismo representante del taller orfebre de Villareal o del imaginero Francisco Buiza.

Mosaico de la Virgen de la Esperanza, sito en la terraza de su casa hermandad.

Conocida su sensibilidad y esquisitez, es evidente que sería un amante de esta parcela artística, que es de suponer, quiso importar por su escaso coste y gran repercusión, pero por desgracia no fue así, ya que en caso contrario seguro que contaríamos con una interesante muestra de obras facturadas durante su etapa de continuas visitas a la capital andaluza. Como comenta Enrique Salvo, es “uno de los misterios de Casielles”.
Llegamos así a la década de los años 80 y el mundo de las cofradías vive una gran evolución, apareciendo muchas piezas cerámicas. Varios son los motivos de este despertar (algunos comunes a otras ciudades), como el nacimiento de nuevas hermandades, un mayor cuidado por los detalles, la aparición de asesores artísticos, unas mejores comunicaciones con Sevilla, una economía más saneada y especialmente la aparición de las casas hermandad y sus salones de trono. Así, surgen nuevos espacios a los que dotar de un contenido cultural, unido al típico “horror vacui cofrade” y así, toda pared ha de ser cubierta por cuadros o carteles y las fachadas externas por mosaicos.
Una hermandad de nueva creación, la del Monte Calvario, organiza en 1989 en la desaparecida Peña Malaguista, una exposición-venta de mosaicos de pequeño formato, con todos los titulares de las cofradías de la ciudad, en una doble apuesta cultural y económica. Así, contacta con el ceramista de Casabermeja Julio Hernández, que durante meses se pone manos a la obra para este trabajo. La exposición tuvo una gran repercusión mediática y fue un éxito comercial, y sobre todo popularizó la cerámica artística entre los cofrades y el público en general.
Aquella publicidad le sirvió a Julio para recibir encargos de mayor envergadura, como los murales de la Basílica de la Esperanza en 1992, o posteriormente los de la Ermita de la Virgen de la Candelaria, Patrona de Colmenar. Julio agradece la apuesta de la directiva presidida por D. Manuel Narváez, que pudiendo mirar a Sevilla, donde se aseguraba calidad y plazo de entrega, optó por “arriesgarse” con una obra tan emblemática con un artista que difiere del estilo trianero, tan asimilado con el gusto cofrade. La apuesta fue todo un acierto, aportando una nueva visión de la cerámica devocional en unos paneles que le otorgan al lateral de la Basílica una personalidad inconfundible, compaginando perfectamente en un edificio de corte funcional. (Mosaicos nº 991 y otros). Quedará en nuestras retinas las explicaciones, in situ de Julio, sobre el mosaico del Calvario en el pasado Encuentro.

Pequeño azulejo doméstico de la Virgen de Zamarrilla.

Eso sí, Cerámicas Santa Ana disfrutó de la exclusiva de los encargos, que se sucedían vertiginosamente en los años noventa. Primero fueron las cofradías nuevas (Dolores de San Juan, (nº 403), Humildad, (nº 512) Calvario, etc.) y con posterioridad se unieron las “clásicas” (Prendimiento, Zamarrilla (nº 841), Gitanos (nº 513), Trinidad (nº 668), etc. Junto a su exclusividad hay que añadir dos obras del taller de Santos Campanario: el Cautivo (nº 547) o la Virgen de la Victoria.
Mención aparte merece la política de la entonces Asociación de Ntra. Sra. Mediadora de la Salvación, pro-hermandad no agrupada de la periferia, que procesiona el Viernes de Dolores. Los directivos de finales de los 90 y primeros de este siglo, entre los que tengo el honor de incluirme, apostamos por buscar mecenazgo para encargar piezas cerámicas para colocar por los distintos barrios de la amplia feligresía. Así, en 5 años se consiguió financiación para 7 retablos cerámicos, todos ellos realizados por Patricio Zabala, de Cerámicas Santa Ana, bajo diseño del entonces presidente de la Asociación, y actual hermano mayor, Salvador de los Reyes. Se comprueba que las empresas son sensibles a estas peticiones, de entonces una cofradía casi desconocida, que además les puede repercutir beneficiosamente desde el punto de vista publicitario. Los datos son demoledores. En su momento tal vez escriba todo el anecdotario que rodeó aquel sueño convertido en 7 realidades cerámicas, que viví en primerísimo persona al llevar directamente la mayoría de la gestiones de patrocinio, y que me sirvieron para conocer más directamente este campos artístico ( nº 372 y 571).

Desaparecido mosaico de los Patronos de Málaga, Ciriaco y Paula, justo durante el transcurrir de su procesión anual.

Además del taller de los Ruiz de Luna, hay que destacar dos hornos que están produciendo gran cantidad de obras para la ciudad, habiendo copado la mayoría de los encargos, pudiéndose afirmar que ya no es necesario salir de Málaga para obtener un azulejo de calidad: nos referimos a Pablo Romero y Daniel García, ambos con biografía en la página.
En el caso de Pablo, con una extensa obra en la ciudad y la provincia, se puede afirmar que su consagración le vino de la mano de los mosaicos de la casa hermandad del Rico (nº 818) de la Virgen de las Penas, de calle San Agustín (nº 449). En esta última cuaresma ha contado con dos azulejos expuestos en sendos comercios del centro de la ciudad: la Virgen del Rocío, para un ambulatorio del barrio; y la Virgen de los Desamparados, para una calle del entorno de la Carretera de Cártama. Pablo se encuentra actualmente en la madurez artística y ha conseguido un personalísimo estilo “marca de la casa”, que nada tiene que ver con las referencias trianeras, innovando en un campo tan difícil como éste, especialmente en las tonalidades y composiciones, dando a sus pinturas un alma y una divinidad que sorprenden a todo aquel que las contempla, más aún al reconocerse como una persona no cofrade.
Distinto es el caso de Daniel García, cofrade desde la cuna, antiguo alumno de la Escuela de Artes y Oficios, que trabajó un tiempo para la marca “Alicia Guerrero”, donde ha dejado grandes obras de juventud, (nº 651, 834) y al que le espera un futuro tan halagüeño como el de Pablo, a lo que se le une su faceta de diseñador artístico. Piezas de gran calidad están saliendo de su taller en calle Numancia, tan cercano a los antiguos tejares de El Egido.
Concluimos recordando como diario SUR sacó hace un par de años un coleccionable con piezas de fotocomposición que tuvo una grandísima aceptación y que han servido para popularizar este campo artistico, e igualmente el Diario la Opinión editó un coleccionable de varias piececitas con un mosaico del Cautivo, de una mayor calidad artística y que se puede ver en muchos negocios de la ciudad o en entradas de cualquier casa mata.
Hay otras firmas a reconocer y estudiar próximamente, como Cerámica Villamartin, Cubo, Postigo Romero, Juan Valdés o Cerámica 3 (nº 521).
El mundo de la devoción en cerámica está en un momento álgido, contrastando sin embargo, la negativa de alguna institución escolar a la colocación de una pieza (Virgen del Gran Perdón en las antiguas “Escuelas de Franco”) frente al gran predicamento de mosaicos sumamente devocionales, como el de la Virgen el Carmen del barrio marinero de Huelin, (nº 312). Pese a ello, quedan cofradías con impresionantes casas hermandad, que no disfrutan de piezas con proyección exterior, como Sepulcro, Huerto o Estudiantes. Tiempo al tiempo, seguro que se irá solventando esta carencia, como han tenido en cuenta los cofrades de la trinitaria cofradía de la Salud, donde el exorno cerámico centra la fachada de su flamante casa hermandad.

José Manuel Leiva Pérez. Abril 2008.