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Alfredo García Portillo |
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El origen de esta advocación mariana se encuentra en Israel, en el Monte Carmelo, en un lugar en el que se establecieron ermitaños. El primero de ellos fue el profeta Elías que defendió en este lugar el culto al único y verdadero Dios.
Según la
tradición, fue durante la celebración de la fiesta de Pentecostés,
cuando unos fieles observaron la aparición de una nube sobre la que
se encontraba la Virgen María. Fundaron entonces allí un templo en
honor a ella y crearon la Orden de los Hermanos de Santa María del
Monte Carmelo.
Muchas y
variadas son las representaciones en la web y también son muchas las
alusiones a la orden de los carmelitas, podemos citar como ejemplo
el Vía Crucis del patio bajo del Hospital de mujeres gaditano, que
en las enjutas decoradas en todas sus estaciones muestra a dos
ángeles que llevan el escudo carmelita, lo que se entiende al estar
el Hospital dedicado a Nuestra Señora del Carmen. Las
representaciones son muy variadas y van desde el siglo XVIII -pieza
0143-
(VER), hasta
las magníficas y modernas de Carmelo del Toro -0706
(VER)
y 0614
(VER)-
o Ángel Lora -0082-
(VER),
pasando por las de Vigil-Escalera -0076
(VER), 1142
(VER)-
y José Macías -0902-
(VER)
o las de Antonio Morilla -0859-
(VER) y Andrés Oviedo
-0759-
(VER). La tradición de la aparición de la Virgen a Simón Stock, se propaga por Europa, indicando que la Virgen liberaría del Purgatorio a todas aquellas almas que hubiesen llevado el escapulario en vida, el sábado siguiente a su muerte, fecha en la que las llevaría a los Cielos.
En las representaciones se sitúa la Virgen del Carmen igual que en el resto de retablos, o sea de ordinario sedente (salvo en la pieza 0460, en la que además refulgen la Virgen y el Niño en su conjunto), portando el escapulario. Las almas que se encuentran en el Purgatorio son rescatadas para su traslado al Cielo. Éstas han muerto en gracia de Dios pero aún no han alcanzado el estado de pureza. A lo largo de las distintas representaciones en la historia del arte, generalmente están desnudas (así se muestran en las más antiguas de las cerámicas) y se encuentran rodeadas de llamas, sin embargo sus semblantes no muestran el pánico y horror de las almas condenadas en el infierno, pues confían en la intersección de la Virgen, que se muestra majestuosa y dispuesta a acogerlas. Por otra parte ello parece normal, pues en el Purgatorio no existe pena de daño, la cual solo se da en el Infierno y al existir una dilación de la Gloria, se trata solo de un estado temporal. Un detalle notorio es que en las representaciones del siglo XVIII figuran algunos prelados o representantes del clero en el Purgatorio -piezas 0832 (VER) y 0844 (VER)-, mientras que en las representaciones del siglo XX ya no hay alusión a ello. Todos los retablos de Nuestra Señora del Carmen en la página. (VER) |
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| Alfredo García Portillo. Julio 2008 | |
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