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LA ICONOGRAFÍA DE LOS SANTOS EN LOS RETABLOS CERÁMICOS

Alfredo García Portillo

 
SAN FRANCISCO DE ASÍS

Hijo de un comerciante de tejidos natural de Lucca de nombre Pietro Bernardone, nace en Asís en 1182, su madre que era natural de la región de Provenza le puso como nombre de pila Jean, su padre, tras un viaje a Francia, comenzó a apodarlo Francesco (el francés).

Alternó mucho durante su juventud con trovadores provenzales y, durante un tiempo,vivió de forma alegre albergando el propósito de hacerse caballero.

En 1202, marchó a la guerra contra Perugia y en la batalla de Puente de San Juan, fue hecho prisionero, permaneciendo en esta situación casi un año. Al cumplir la edad de 23 años marchó a Apulia para combatir, pero de camino en Espoleto tuvo una visión, en ella una voz le indicaba que debía volver a Asís.

A la vuelta y ante la oposición paterna, cambió de vida, convivió con leprosos y tras vender su caballo y las mercancías de su padre, marchó a arreglar la Iglesia de San Damián. Vestido con un sayo hacía penitencia. Su padre estuvo buscándolo largo tiempo sin poder encontrarlo y cuando lo hizo, lo llevó a su casa y lo encadenó. Al marchar a unos negocios, fue liberado por su madre.

El padre volvió a buscarlo y lo encontró, tomando la decisión de denunciarlo ante la ley por la pérdida de parte de su patrimonio (las mercancías vendidas), Francisco acogido a la disciplina de la Iglesia devolvió el dinero e incluso sus ropas.

Se dedicó a reconstruir iglesias y en 1208 tuvo verdadera conciencia de su misión, por ello vivió en la pobreza y se dedicó a consolar a los leprosos y necesitados y a predicar el evangelio, viviendo de la limosna.

Varias personas se unieron a él y vivieron realizando labores humildes, con la idea de poder difundir la palabra de Dios, les indicó que viajasen de dos en dos.

En 1209 emprende un viaje a Roma, acompañado por varios seguidores y ante el Papa Inocencio III solicita que se apruebe la regla de su orden. Con la influencia de cardenal Juan de San Pablo y tras fracasar su primer intento, tuvo lugar una segunda audiencia y después de ella, el Papa autorizó la orden.

Poco después instituyó una segunda orden junto a Clara de Asís. Comenzó a atender a los leprosos cercanos a la ciudad y convertidos en frailes o hermanos menores buscaron una capilla donde situarse, siendo la de la Porciúncula la que encontraron.

Por dos veces quiso marchar a Siria a predicar el evangelio, pero en las dos ocasiones fracasó su misión.

A partir de 1215 y dado el incremento de frailes que van en su busca, se comienzan a instalar en ermitas a las afueras de las ciudades. Tras un intento de cambio de sus reglas por las de San Benito, embarcó para Oriente. Durante su ausencia la comunidad sufrió una crisis. Se creó una tercera orden que permitió que hombres y mujeres laicos pudiesen realizar una vida con las ideas franciscanas.

En 1224 se retiró en soledad y decidió ayunar 40 días junto al monte Albernia. Tras orar largamente, una serie de estigmas brotaron en sus manos, pies y costado, estigmas que le acompañarían el resto de su vida. Poco después quedó casi ciego y compuso su célebre cántico del hermano Sol.

Volvió a Asís y el 3 de octubre de 1226 falleció en una cabaña cercana a la Porciúncula, siendo sepultado en San Giorgio. A su muerte se convirtió en un personaje de leyenda.

Fue canonizado el 16 de julio de 1228. Sus restos se encuentran en la Basílica de San Francisco en Asís.

En los retablos cerámicos de la web podemos observar las siguientes imágenes:

En la pieza de Villardompardo número 0594 (VER) y en la granadina número 0518 (VER), San Francisco en pie, vestido con el sayal de la orden que lleva ceñido con un cíngulo rústico, abraza un crucifijo como señal de su amor por Cristo, siendo visible el estigma de la mano. La figura 0522 (VER), localizada en Estepa, lo muestra también en pie con los estigmas y con una bandera en la que se encuentra el escudo franciscano, en el que sobre una cruz, se encuentra uno de los brazos de San Francisco con su estigma en la mano y sobre él un brazo de Cristo también con su llaga en la mano. Su mirada se fija en el crucifijo en señal de amor a Cristo y el sayal se encuentra ajustado a la cintura por un cordón en el que se encuentran  tres nudos que significan los votos de pobreza, castidad y obediencia, interpretados como las tres virtudes franciscanas (de ahí el nombre de cordeliers que recibieron en Francia los frailes menores).

La pieza sevillana identificada con el número 1341 (VER), nos presenta el episodio de la estigmatización, se trata de un momento clave en la vida del santo, que retirado junto al monte Albernia, situado al fondo de la escena que muestra además la ermita construida sobre él, recibe los estigmas a través de una visión: “Vio que encima de él había un hombre con seis alas, como un serafín, con los brazos extendidos y los pies juntos, fijado a una cruz. Dos de sus alas se elevaban por encima de su cabeza, otras dos se desplegaban para volar, las dos últimas le velaban todo el cuerpo……Su corazón estaba colmado con esta aparición, cuando en las manos y pies comenzaron a aparecer las marcas de los clavos, tales como acababa de verlas en el hombre crucificado, por encima de él.”. La estigmatización llevará a que los franciscanos proclamen la devoción a las cinco llagas, teniendo lugar una celebración litúrgica bajo el nombre de Impresión de las llagas de Nuestro Seráfico Padre San Francisco que se llevaba a cabo el 17 de septiembre.

En Estepa encontramos la pieza 0761 (VER), que está basada en “San Francisco abrazando a Cristo en la Cruz” del pintor español Bartolomé Esteban Murillo, que fue pintada para la segunda capilla de la nave de la izquierda del Convento de los Capuchinos de Sevilla y que hoy día se encuentra en el museo provincial de bellas artes de Sevilla. En ella observamos como tras la decisión de abandonar los bienes terrenos, que se muestra simbólicamente al pisar el santo el globo terráqueo, Cristo lo recompensa desclavando su brazo derecho y acogiéndolo en su regazo. Un texto está escrito en el libro que sujetan los ángeles y que muestra la clave: "quien no renuncia a todo lo que posee no puede ser discípulo mío".

Alfredo García Portillo. Octubre 2008