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LA ICONOGRAFÍA DE LOS SANTOS EN LOS RETABLOS CERÁMICOS

Alfredo García Portillo

 
SANTA GENOVEVA

Nació Santa Genoveva en el año 422 en una aldea cercana a París, hoy llamada Nanterre y que era entonces el arrabal de Saint Denis. En cierta ocasión San Germán obispo de Auxerre, visitó su localidad y al verla proclamó que sería ejemplo para todos.

Cuando murieron sus padres fue Genoveva a París, donde cayó gravemente enferma con una parálisis, sanó a los tres días y contó entonces como un ángel la transportó primero a la gloria para que pudiese contemplar a los bienaventurados y luego al infierno donde contempló grandes suplicios. Desde entonces adquirió Genoveva el don de conocer los secretos más recónditos en sus semejantes.

Con la invasión de los hunos y al ver que la gente huía, promovió la oración en la ciudad e indicó que nadie se fuese de ella pues no llegarían los invasores a entrar en ella, como efectivamente aconteció.

Muchos prodigios obró la santa, desde el del niño que cayó a un pozo y fue rescatado ya muerto, al cual cubrió con su manto y devolvió a la vida, hasta la curación de ciegos y expulsión de demonios. Su fama se extendió por todo París.

El rey franco Clodoveo y su esposa santa Clotilde la tuvieron en gran veneración. Murió a avanzada edad hacia el año 512.

Su representación. Comentarios a los retablos cerámicos de la web:

La pieza 0959 (VER), nos muestra a la santa en pie, tocada con el velo de las vírgenes y llevando sobre el cuello una medalla, la que le dio San Germán y le indicó que jamás se quitase y en la que se representaba a Cristo crucificado. Si bien su atributo clásico es el cirio encendido, aquí se ha prescindido de él y se la muestra como pastora. Esta forma de representación arranca en el siglo XIV, pues en la historia compuesta tras su muerte hacia el año 520 y en la leyenda dorada de Santiago de la Vorágine no se la cita como pastora. Louis Reau indica como es a partir del siglo XIV cuando se la convierte en pastora cuidando su rebaño e incluso con la rueca de hilar en la mano.

Alfredo García Portillo. agosto 2008