|
La tradición
de una parte y las Sagradas Escrituras de otra, juegan un muy
importante papel a la hora de configurar una imagen de Santa María
Magdalena.
Natural de Magdala y hermana de Marta y de Lázaro, fue amiga y
discípula de Jesús. La interpretación de San Juan Crisóstomo le
atribuye tradicionalmente el episodio evangélico en que una mujer
procede a ungir los pies de Cristo con un caro perfume, se trata de
un relato en el que no se menciona su nombre (Luc 7, 36-50) y en el
que Jesús la perdona, de ahí que aparezca a menudo representada con
un tarro de ungüento en sus manos (María Magdalena mirófora).

María
Magdalena, pertenece al grupo de mujeres que siguen a Cristo camino
del Calvario. Ya el pintor Massaccio la pinta al pie de la cruz. Con
posterioridad se la refleja junto a la Virgen y a San Juan en el
amargo trance de la crucifixión.
Tras ser trasladado al sepulcro el cuerpo de Jesús, vuelve a
aparecer en los evangelios, siendo la primera en ver a Cristo
resucitado, tema tratado en el arte a través del “Noli me tangere”,
título sacado de la Vulgata.
Otros episodios evangélicos con su presencia, nos muestran a Jesús
hablando con ella mientras su hermana la reprende para que la ayude
en las tareas domésticas o en el momento de la resurrección de su
hermano Lázaro.
Durante los episodios pasionistas aparece acompañada de las hermanas
de la Virgen, María de Salomé y María de Cleofás.
En los apócrifos también encontramos su presencia, concretamente en
los apócrifos de la Pasión y resurrección y más precisamente en el
evangelio de Pedro (XII y XIII), donde se vuelve a reflejar el
episodio de la resurrección.
En la recensión B de las actas de Pilato, que no son las originales
sino una copia más tardía con refundición de las primeras, se la
cita en el momento en que José de Arimatea solicita a Pilato el
cuerpo de Jesús, figurando con las lamentaciones en que prorrumpe
Magdalena junto con la Virgen y José de Arimatea.
También la encontramos en la Carta de Tiberio a Pilato donde se la
cita como una mujer “la cual se dice discípula de Él (es María
Magdalena, de quien, según se afirma expulsó siete demonios) y
atestigua que Jesús obraba portentosas curaciones”.
En los apócrifos gnósticos de Nag Hammadi, se la identifica con el
personaje de Mariham, del denominado evangelio de Tomás. En el mismo
ciclo y en el evangelio de Felipe (32), se cita “tres eran los que
caminaban continuamente con el Señor: su madre María, la hermana de
ésta y Magdalena”.
Venerada como modelo de penitencia ha sido tratada en el arte como
“Magdalena penitente”, difundiéndose su culto a través de Europa, a
partir del siglo X. Según una tradición que sitúa su muerte en Vezélay (Provenza), siendo su impulsor el abad Godofredo, el que
hacia el año 1050 instauraría la reforma cluniacense. Esta figura
prevalecerá después de la Contrarreforma, si bien desde 1969 el
calificativo penitente aplicado a la Magdalena, fue retirado del
calendario litúrgico y la lectura del Evangelio de San Lucas cuyo
episodio tratamos al comienzo del artículo, fue suprimido de la
lectura evangélica en la festividad de Santa María Magdalena.
En contraposición a esta tradición, la tradición ortodoxa transmite
que la Virgen, acompañada de San Juan y María Magdalena, se retiró a
Éfeso, donde murió la santa.
En los retablos cerámicos de la web se la presenta al pie de la cruz
acompañando a San Juan y a la Virgen, así la encontramos en los
gaditanos retablos de la cofradía de la Piedad, piezas 0272
(VER) y 0274
(VER).
En ambas representaciones se encuentra de rodillas y con los
cabellos largos, simbolismo que se utiliza ya que con ellos procedió
a secar los pies de Cristo con las lágrimas que había vertido. Las
piezas 0978
(VER)
y 0238
(VER),
de los Vía Crucis de la población de Villaverde del Río y de la Cruz
del Campo, pasan inmediatamente a representarla a los pies de Cristo
tras su descendimiento y acompañando a la comitiva del traslado al
Sepulcro, con un gesto transido de dolor.
|