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11-10-2008.
No pudo ser. Después
de doce años de gestiones con el Ayuntamiento, el coleccionista y
académico Vicente Carranza ha renunciado a donar a Sevilla su
colección de cerámicas de Triana, una de las más importantes del
mundo. Cualquier mecenas hubiera tirado la toalla muchos años atrás,
aburrido por tantos desprecios y engaños hacia una persona que
intenta regalar a los sevillanos lo más preciado de su colección.
Pero el amor de Carranza a esta ciudad y, sobre todo, a la cerámica
de su barrio más famoso, le había frenado en esta difícil
determinación que ahora ha tomado y que deja a Sevilla muy lejos de
ser la sede de este legado excepcional. Cincuenta años de su vida
adquiriendo piezas únicas. Carranza empezó a mover este tema a raíz
del éxito de su exposición del convento de San Clemente, en 1996.
Tenía 68 años y ahora tiene ochenta. Desde entonces las cosas no han
cambiado a mejor. El Ayuntamiento sigue jugando con su buena
voluntad, su tiempo y su paciencia. Le promete cosas y hace lo
contrario. Lo ilusiona y le pone la trampa, una y otra vez, haciendo
ver a la opinión pública que es él y no el Ayuntamiento el que para
las gestiones.

Ahora, hace unas
semanas, han vuelto a ofrecerle sitio en el Alcázar, como en 1996 o
en 2004, pero no en las cinco salas cedidas por Patrimonio Nacional
y restauradas para ese fin hace cuatro años. Y después de esa nueva
promesa, el Ayuntamiento ha aprobado en el Pleno del viernes 19 de
septiembre, por vía de urgencia y a sus espaldas, que su valioso
legado sea una parte más, una sala, del museo proyectado en la sede
de Cerámica Santa Ana. Y eso que sabían que el prestigioso
ceramólogo había dejado bien claro en varias ocasiones que sólo
aceptaría como sede el Alcázar.
Esa misma mañana, antes del acuerdo plenario, llamaron a Vicente
Carranza a toda prisa de parte del alcalde. El Grupo Popular tenía
preparado una pregunta sobre el tema y había que hacer ver que el
alcalde recibiría a Carranza enseguida para ofrecerle de nuevo los
lugares prometidos. Carranza mostró, como siempre, buena voluntad y
sólo puso dos condiciones: que la cita se la comunicaran por escrito
y que le adelantaran el contenido de la reunión con el alcalde, que
finalmente se fijó para el 29 de septiembre a las 14 horas. El
escrito, muy escueto, le llegó por fax, y en él no constaba el
motivo del encuentro. Del contenido exacto nunca le hablaron, por
mucho que llamaba, y cada vez que preguntaba le remitían al acuerdo
plenario, por orden de Isabel Montaño. Nunca le pusieron con nadie.
Nadie le explicó nada. Estaban provocando la renuncia total del
donante, en un juego cínico interminable, para que la colección no
viniera nunca, sin tener en cuenta los pocos requisitos que tantas
veces había repetido, escrito y publicado.
Para Vicente Carranza, la maniobra política de ese regalo envenenado
que ha sido lo del Pleno del viernes es la provocación definitiva
para que se olvide de esta ciudad ingrata que no admite donaciones y
se lleve su extraordinaria colección a otra parte. Hay muchas
ciudades esperándola.
CARTA ABIERTA A LA CIUDAD DE SEVILLA
Después de las
decisiones tomadas en el Pleno municipal del día 19 de septiembre de
2008, y ante mi insistencia, no contestada por el gabinete del Sr.
Alcalde, para definir el motivo de la entrevista concertada, he
decidido dar por terminadas mis relaciones con ese Ayuntamiento y
comunicar a los sevillanos el fracaso de mi gestión, durante doce
años, con los políticos de turno de esa ciudad para que mi colección
de cerámicas de Triana, denominada «Colección Carranza», quedara
ubicada definitivamente en la ciudad de Sevilla. Ese era mi sueño,
pero la realidad fue que al despertar todo quedó en eso, en un
sueño.
Los políticos con mando en esa plaza han jugado hasta el final con
un hombre octogenario, un hombre que dedicó la parte más importante
de su vida en recopilar muchas de las piezas de la historia cerámica
del barrio de Triana. Ellos, algunos políticos, me han ninguneado en
perjuicio del pueblo de Sevilla; me prometieron, me ofrecieron y no
han sabido cumplir con la palabra dada. Existen al efecto documentos
escritos, testigos presenciales de tales promesas, de fechas y
horas, promesas que no fueron cumplidas, aunque sí cambiadas a
capricho de ellos. No me extraña esta actitud en algunos políticos.
A lo largo de mi vida he aprendido de ellos que cuando hablan de
cultura lo hacen con facilidad, sabiendo de antemano que la cultura
no da votos, y se pueden permitir el lujo de atropellarla.
He de agradecer las muestras de afecto del pueblo de Sevilla, que
quedaron plasmadas en libro de oro de la exposición de 1996, en
el convento de San Clemente, donde mostré lo mejor de mi colección
de cerámicas de Triana.
Por el contrario, lo que sí debo denunciar muy a pesar mío es la
actitud de las instituciones culturales de Sevilla. La cerámica
forma parte de la historia desde los orígenes de la creación, y me
pregunto dónde están los historiadores sevillanos que permanecen
callados ante este atropello.
¿Dónde están las reales academias sevillanas que permanecen calladas
ante un patrimonio que se le ofrece al pueblo y que forma parte de
su identidad, como es la historia cerámica, y sin costo alguno para
las arcas municipales? ¿Dónde están las universidades, dónde se
estudia la historia de las civilizaciones y su costumbrismo, dónde
tiene un apartado importante la cerámica? Después de una campaña de
denuncias en los medios de comunicación sobre la «Colección
Carranza», estos han permanecido en silencio. ¿Dónde se esconden
esos intelectuales que defienden la libertad de expresión? ¿O es que
ellos y los citados anteriormente están en la antesala del pesebre
esperando su turno para promocionarse ? Y por último, ¿dónde están
los de la cultura pancartera?, esos que gritan a favor de la
cultura, ¿de qué cultura hablan?.
La cerámica forma parte de la historia de la humanidad y yo no he
recopilado durante más de cincuenta años la cerámica de Triana con
el carné de ningún partido político. Soy libre como lo eran los
pinceles de los ceramistas trianeros. De esta historia me queda el
haber vivido una doble e intensa vida, la humana y la que ha colmado
mis ilusiones, las emociones al buscar las cerámicas por donde
quiera que fui y una vez conseguidas acariciar sus texturas. El gran
amor de mi familia por la cerámica de Triana no tiene cabida en las
mentes de algunos personajes de la antigua farsa.
Esta colección o se exhibe donde me prometieron, en el Alcázar,
LUGAR QUE NO ELEGÍ YO sin exigir nada a cambio, o jamás se exhibirá
ni al completo ni parcialmente.
Vicente Carranza
Escudero
Fuente:
www.abcsevilla.es
PABLO FERRAND. SEVILLA
Viernes, 26-09-08 |