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NUESTRAS PATRONAS
Esta página web, al igual que los ceramistas, toma por patronas a
las Santas Justa y Rufina, hermanas dedicadas a labores de
alfarería, mártires cristianas en tiempos de la dominación romana.

LEYENDA SOBRE EL MARTIRIO DE LAS SANTAS JUSTA Y RUFINA
En la Sevilla romana era muy importante la labor de los alfareros
después continuada en la etapa musulmana. En la zona que hoy
conocemos como barrio de Triana en la otra orilla del Guadalquivir,
dos jóvenes muchachas ejercían como alfareras en las tierras
ocupadas por Roma.
Corría el mes de julio del año 287 D. C., el mes en que los fieles
de los dioses sirios, y había muchos en España, celebraban las
Adonías. Como otros días de mercado Justa y Rufina han puesto en su
tenderete de objetos de alfarería. El foro comienza a animarse; las
muchachas conversan y ríen mientras aguardan a su clientela. De
pronto irrumpe en la plaza un ruidoso tropel de mujeres desaliñadas.
Vienen cantando y bailando alrededor de una imagen que algunas de
ellas llevan en andas, que no es otro que Adonis. A la amanecida
sacan del santuario un ídolo de Salambó (Afrodita que llora a
Adonis) y lo pasan por las calles recaudando donativos para el
culto. El pintoresco cortejo se detiene ante el puesto de las dos
muchachas y les pide una maceta par plantar un jardincillo de
Adonis. Las muchachas replican airadas, como San Pablo, que ellas no
adoran a dioses que se hacen con las manos. Esta respuesta enardece
a las devotas. Se promueve un altercado; unas y otras profieren
frases injuriosas. Pasando de las palabras a los hechos las unas
rompen la cacharrería de Justa y Rufina, éstas por su parte derriban
el ídolo de sus andas y lo hacen añicos. La fuerza pública
interviene y conduce a las muchachas ante el juez. Es el primer acto
de su martirio.
Según tradición y santoral, Justa hallaría la muerte en prisión y
Rufina sería atormentada en el anfiteatro, después de respetarla las
propias fieras, dedicándose a estas muchachas un día del caluroso
julio sevillano, el diecinueve, para su recuerdo, no sólo en
Sevilla, sino en otros lugares de España.
(Tomado de la obra “La Cerámica”, de Rafael Domenech. Sevilla,
1981. Páginas 15-17)
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